Semana Santa, un lugar donde la fe de la cristiandad encuentra un motivo de dolor extremo y de esperanza extrema. La evocación de la muerte de Cristo y de su resurrección. La feligresía habrá de volcarse masivamente a aquellos lugares donde el calvario tiene representación y, con unción, dirán sus oraciones frente a cada una de las estaciones. Digno es entonces, acordarse de las enseñanzas de quien estuvo dispuesto a dar su vida por todos, y en el “todos” no hago distingo de religiones, porque no creo que Él lo haya hecho ni en sus momentos finales.

    Mas allá de que usted crea o no crea, sea cristiano o no, seguramente reconocerá el inmenso mensaje de amor de la vida de este hombre puesto a ser Dios o la vida de Dios puesto a ser hombre. Veamos el mundo ¿Cómo andamos con respecto a las enseñanzas de a quien sus discípulos llamaron maestro? Hay guerras en el mundo, como la de Irak, por ejemplo, o la de Afganistán o la de Libia, por citar a algunas, guerras que no se pueden entender más que a través de la miopía de un mandamás que no admite más orden que su supremacía.

    Hay hambre en el mundo, pero hambre de verdad, hambre con los dientes enmohecidos en cuerpos famélicos. Hay odio en el mundo, por cuestiones políticas, por cuestiones históricas y hasta por cuestiones religiosas. Parece una paradoja que las religiones, todas a favor de la vida, puedan provocar tantas muertes. Hay desigualdades en el mundo, que son horrorosas, injustas, incomprensibles. Con las pertenencias de un puñado de hombres ricos este mundo podría ser absolutamente distinto, más humano, más noble, seguramente, más pacífico.

    Tenemos un mundo que lentamente se está destruyendo a sí mismo sin que hagamos nada por cambiarlo, por entregarlo intacto a nuestros nietos. ¿Este es el mundo que pensaba ese que murió en la cruz? ¿Es este el mundo por el cual soñó, vivió, luchó y murió? No lo creo, sus historias, sus palabras, su ejemplo, están diciendo otra cosa, nos está pidiendo otra cosa, nos pidiendo piedad para con nosotros mismos, no está diciendo que, de ninguna manera, su muerte ha sido en vano. Hoy, miremos con atención, lo que nos rodea, y lo que nos queda más allá. Y no dudemos en pedir perdón, en pedirle perdón. Después, simplemente, retomemos su camino.