Tres veces en mi vida vi ovnis. No digo naves extraterrestres, digo ovnis, con lo que eso significa: objetos voladores no identificados. Una vez, en el patio de mi casa de entonces, en el barrio Covimet (saludo a todos los covimetudos) estábamos con Pocho, disfrutando de una noche de verano, y cruzó el cielo una bola naranja que nos dejó helados, que fue bueno, porque, como dije, era verano.

    El Pocho, que estaba cantando Otoño en Mendoza, empezó a cantar Verano en Marte. La segunda vez fue hace ya muchos años. Estábamos ensayando con Canturía (saludo a los compañeros del alma) en un patio del barrio Unimev, cuando no sólo yo, sino todos los que estábamos ensayando, vimos una especie de nave muy iluminada que cruzaba el horizonte del sur.

    La tercera vez fue en Potrerillos. Con unos vagos y vaguitas estábamos tirados panza arriba, cerca de nuestras carpas, contando estrellas fugaces, hasta que yo, este huesonsito que les habla, descubrió un satélite artificial, como cualquiera de los que usted puede ver si se le da por invertir su tiempo en el maravilloso mundo de arriba. Se los dije a todos, dije con el dejo de originalidad que me caracteriza: –Miren, uones, un satélite, allá.

    A mi indicación todos lo descubrieron y lo siguieron con sus miradas, hasta que uno de ellos dijo: –¿Se paró? –¿Cómo que se paró? Los satélites no se paran nunca. Pero este se paró. Y era cierto, estaba inmóvil. Un cui cui que venía de nuestro dorso nos invadió a todos y, antes de que hiciéramos comentario alguno, el punto de luz comenzó a moverse en zigzag; luego tomó una dirección perpendicular a la que traía y se perdió en la noche, a una velocidad fabulosa.

    Esa noche dormimos, pero con medio ojo. Así que yo soy de los que creen en estos aparatejos que nos observan desde el cielo. Una noticia de los últimos días me llamó la atención, porque hasta ahora los organismos oficiales habían descartado la existencia de estos fenómenos, pero hace una semana atrás, la Fuerza Aérea Argentina anunció la creación de una Comisión de Investigación de Fenómenos Aeroespaciales.

    Conclusiones bastardas: si un organismo tan serio como la Fuerza Aérea Argentina crea una comisión así, es porque admite la posibilidad de su existencia. Por otro lado, ¿qué sabrá la Fuerza Aérea que nosotros no sabemos de este tipo de fenómenos, que la lleven a invertir tiempo, investigadores y plata en el propósito?

    Y una sospecha, ¿será realmente una iniciativa de la Fuerza Aérea Argentina, o un mandadito que le encargó un organismo más universal como la NASA, para que se investigue sin verse comprometido en la investigación? Los argentinos, oficialmente, vamos a mirar para arriba. Lo único que falta es que resucite Orson Wells y ponga en el aire La Guerra de los Mundos, pero que no sea un radioteatro, sino un boletín periodístico.