Es curiosísmo y gratísimo cómo ha crecido el movimiento murguero en Mendoza. Hay distintas versiones sobre el nacimiento de este fenómeno colectivo eminentemente callejero. Dicen que, a principios del siglo pasado, una compañía de zarzuelas que actuaba en Montevideo, acuciada por la falta de dinero se largó a las calles con sus trajes y sus cantos para juntar algunas moneditas. Otros aseguran que es derivación directas de las costumbres de los negros de Uruguay y Buenos Aires, que, privados de libertad, al menos conservaron su cultura. Ocurría y sigue ocurriendo, fundamentalmente en Carnaval, una fiesta pagana que les permitía festejar a los pobres, al menos esa vez . Hace unos veinte años, aproximadamente, la actividad murguera se instaló con fuerza en Mendoza, también con curiosidades de por medio. Porque, a nivel de los pueblos originarios, el carnaval nunca fue una celebración fuerte en nuestra provincia. El carnaval fue y sigue siendo poderoso en La Rioja, en Salta, en Jujuy, sin embargo en Mendoza creció el movimiento murguero inconteniblemente y la segunda curiosidad es que, a nivel artístico, la murga mendocina es prioritariamente percusiva. La percusión manda. Al contrario de las murgas porteñas y uruguayas donde lo que prima es el canto. ¿Por qué me sorprendo y uso la palabra curioso? Porque el folclore de nuestra provincia carece de percusión. Es como una revancha, con las murgas, la percusión no sólo aparece, sino que es protagonista. El 18 de diciembre de 1999, las murgas estaban por actuar en una escuela de Rivadavia, algunos murgueros invadían la calzada, un conductor prepotente los atropella. Pablo, Gamuza y el Cofla no se dan cuenta, ni siquiera atinan a protegerse. Los tres murieron y la injusticia comenzó a escribir otra de sus novelas, las novelas de la impunidad. Tres vidas jóvenes que aún están esperando que alguien pague los homicidios. El 18 de diciembre pasó a ser el Día del Murguero. El sábado lo festejaron marchando con tambor y redoblante por las calles de nuestra ciudad. No las dejes a un lado, hermano, no las mires con recelo. Las murgas han hecho mucho por los jóvenes, para que encuentren un camino de creatividad y comprensión que los aleje de los flagelos propios de la época. Soy murguero de corazón, porque allá tiempo y hace lejos, formé parte de una murga en mi pueblo. Todavía me acuerdo, cantábamos: Las calles están hechas bosta / no puede andar la gente / a ver si mueve el culito / nuestro querido intendente. Si pudiera, me pondría a saltar, a bailar con ellos, para demostrar y demostrarme que todavía hay espacio para la fantasía y el color. Que no toda la vida quedó atrapada por el asfalto y el cemento, que una porción grande de ella sigue murgueando por la ciudad. Que siga sonando el redoblante. Por el amor, por los hermanos y por la justicia.
Murgas
Es curiosísmo y gratísimo cómo ha
crecido el movimiento murguero
en Mendoza. Hay distintas versiones
sobre el nacimiento de este
fenómeno colectivo eminentemente
callejero
