Para los estudiantes de la secundaria que llegaron a esa instancia final de cerrar un ciclo no hay momento tan definitivo como es la entrega de diplomas. Y, por supuesto, también para sus familias, que son las que aportan la estructura -en todo sentido- para que esos adolescentes vayan comenzando a definir sus proyectos de vida relacionados con la educación.
Por ello, la decisión de los padres de alumnos de quinto año del Colegio Universitario Central de, primero, reclamar por un acto de colación presencial ante las autoridades de la Universidad Nacional de Cuyo no es un detalle menor en un año atípico pero que busca encontrar las formas de encajar en una nueva normalidad. El Rectorado negó la posibilidad de que ese último encuentro entre alumnos, familiares y docentes fuese posible.
Cuesta entender la decisión de las autoridades universitarias ante una provincia que ya está en marcha y con estadísticas oficiales que tienden a la baja de contagios. Con todo, los padres del CUC insistieron y, ante una nueva negativa, se organizaron, alquilaron un cine y dispusieron de una ceremonia no formal con todos los protocolos necesarios para mantener el distanciamiento social.
Más que un capricho o una desobediencia, la decisión de las familias de disponer de ese momento que corona los esfuerzos después de un ciclo de cinco años, al menos, también permite entender la necesidad de superar la burocracia de algunos organismos oficiales.
