Sigue la novela con los hijos de la Noble. ¿Usted la vio a Ernestina Noble? ¿Vio alguna foto de ella recientemente? Está más estirada que corpiño de Moria Casán, tiene más operaciones encima que el Lagomaggiore. Parece el identikit de ella misma. Dicen que los ricos son estirados, no hay mejor ejemplo que esta señora. La señora de Noble es la dueña de todos los emprendimientos de ella misma comprendidos en el Grupo Clarín.

    El diario Clarín es, por supuesto, su medio más influyente, que tiene como eslógan “Un toque de atención para la solución argentina de los problemas argentinos”, que a veces se cumple, pero quien realmente maneja el grupo es el señor Héctor Magneto, el CEO de Clarín. CEO es una sigla que quiere decir Conmigo Estás Optimo. Contra El Otro. Estamos viviendo un momento histórico porque, por primera, vez un gobierno se opone a la gran corporación periodística, le da pelea y la hace tambalear en sus exuberantes aspiraciones económicas.

    Clarín fue culpable de muchos gobiernos, que muchos gobiernos cayeran y que muchos gobiernos se equivocaran en todo, menos en sus buenas relaciones con Clarín. Ahora, uno de los temas que se ha puesto sobre la mesa en este enfrentamiento que yo, al menos, sigo con detenimiento, con interés y a veces con sorpresa, es la identidad de los hijos de la señora Noble. Es más evidente que embarazo de bailarina, que dos orzuelos en el mismo ojo, que Shakira en el Harlem, que son hijos de desaparecidos.

    Porque si no lo fueran ya se hubieran hecho los análisis de ADN desde hace tiempo. Porque saben que son, es que le ponen trabas a la Justicia para que el tema no trascienda, pero es uno de los más trascendentes. Ahora, yo quiero llegar a este análisis. Sé cómo piensa y cómo actúa Ernestina de Noble, no me preocupa mucho eso; pero sí me preocupa que esos dos jóvenes, sus hijos artificiales, no quieran conocer cuál es su verdadero origen, no quieran conocer cómo fueron sus verdaderos padres y en qué circunstancia fueron ellos capturados.

    Claro, me dice el Negro Aye, quien es muy ácido: “Con la guita que van a heredar de la madre artificial, qué van a querer conocer a los padres reales”. Realmente no les importa, y yo, sumándome al Negro digo: “No les interesa, no quieren”. Prefieren seguir viviendo en una mentira lujosa, que enfrentarse con una verdad dolorosa. Pobres pibes. Pensar que fueron el fruto del amor de una pareja que pensó que en la descendencia se iba a superar su lucha, pues no sólo no se superó con ellos sino que ellos decidieron alistarse, definitivamente en el ejército enemigo.

    Dice un refrán chino: “El que reniega de sus padres es un árbol sin raíces, una vertiente sin agua, un pájaro que jamás va a conocer el cielo de la verdad”. Los hijos de la Noble. ¿Qué clase de nobleza?