Primero el homicida la golpeó. Después la degolló sin piedad. El último paso del macabro plan era deshacerse del cadáver. Y, en parte, lo logró: lo tiró en un pozo de agua del enorme predio de eventos maipucino donde trabajaba y vivía la víctima para evitar que la encontraran. Después lo tapó sigilosamente y en horarios nocturnos pero un mosquerío terminó por delatarlo.
Así asesinaron a Dora Hidalgo, la mujer de 67 años que era buscada desde el 31 de agosto y cuyo cadáver fue hallado a 80 metros de profundidad el sábado por la tarde en una propiedad de calle Perito Moreno 1639 de Coquimbito llamada Luna India, después de una intensa pesquisa de la familia y también los detectives de Investigaciones durante una semana.
El asesino -la hipótesis principal del fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello sostiene que fue un sólo hombre el autor y el expediente tiene un sospechoso de 37 años detenido-, primero la atacó con un arma blanca en el baño de la casa de los caseros, ubicada en un lujo salón de que pertenece, de acuerdo con fuentes de la pesquisa, al presidente del club Godoy Cruz, José Mansur.
Luego intentó esconder el cuerpo tirándolo al profundo hueco al que sólo el presunto autor tenía acceso por cuestiones de mantenimiento. Pero dejó pistas que lo comprometen.
El acusado fue identificado como José Daniel Moreira, uno de los serenos, con quien la víctima tenía problemas de convivencia laboral, tal como explicaron las fuentes consultadas por El Sol.
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Este domingo por la tarde, el representante del Ministerio Público lo imputará por femicidio y ordenará su traslado a la cárcel de Almafuerte.
Los sabuesos de Investigaciones, con la presencia de Científica, primero hallaron sangre en el sanitario de la propiedad, después de la denuncia por averiguación de paradero que radicó la familia. Esa fue la pista a seguir.
Allí creen que Hidalgo, oriunda de Córdoba y una de las empleadas del inmueble, fue abordada por el agresor cuando se dirigía a darle de comer a los perros que custodian el sector.
Después detectaron nuevos rastros hemáticos cerca del pozo de agua que alimenta el terreno. Además, la presencia de moscas en ese sector era intensa.
Uno de los detalles macabros del caso es que al cuerpo de Hidalgo le faltaba la cabeza. Cuando lo rescataron, este sábado durante la siesta, notaba que no tenía el cráneo.
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Fue un bombero el que ingresó a la limitada cavidad utilizando una polea y con la ayuda de sus compañeros. Llegó hasta los 80 metros (le faltaba el aire) pero pudo tomar contacto con los restos.
En primera instancia, Científica y el forense que acudió a la escena (se activó el protocolo de femicidios) no encontraron heridas visibles en brazos, piernas, tórax y abdomen. Por eso, la primera conclusión es que el homicida la degolló y luego tiró el cuerpo en el agujero.
Los detectives concluyeron que el roce mientras caía pudo haber provocado que se desprendiera la cabeza, debido a que ya le habían producido una herida cortante y profunda en la garganta.
La parte superior del cuerpo quedó en el interior del pozo, a más de 100 metros bajo tierra. Y no saben si podrán rescatarla porque el sector es de difícil acceso.
De acuerdo con la reconstrucción policial-judicial, Moreira e Hidalgo no se llevaban bien. Y habían discutido en los últimos días. La mujer, quien alimentaba a seis ovejeros alemanes, además de otras tareas de mantenimiento y limpieza, le habría recriminado al hombre algunos accionares de su vida privada (Moreira no vivía en el lugar) y su estabilidad en el trabajo pendía de un hilo.
“Tenía miedo de que lo echaran y que descubrieran que mantenía algunos encuentros con personas ajenas al predio”, contó otra fuente ligada a la causa. La hipótesis (además de otras pruebas) motivaron su detención, la que se hizo efectiva una vez que rescataron el cuerpo del pozo.

