Llamemos a un psiquiatra de climas, porque el clima está loco. Le agarró un ataque de contradicción, entró en un estado ciclotímico que parece ser imparable. Primero nos golpeó duramente con unos calurones tan grandes que las moscas andaban con abanico. ¡Papá! El termómetro se ponía las manos en la cabeza para que no se le escapara el mercurio por arriba. La patrona, para tomar mate, sacaba el agua caliente de la pelopincho. Los ventiladores de techo tiraban aire tan caliente que los mosquitos, más que picarte, te transpiraban. Otros pusieron el calefón dado vuelta a ver si daba agua fría. Unos calurones que andar por el centro a las seis de la tarde era más o menos como cruzar el desierto de doña sahara de a pie y con sobretodo.
Y, de golpe y porrazo, se vino el frescor, y uno dijo. ¡Aahhh! Por fin un respiro. ¿Un respiro? Se pasó para el otro lado el clima, supo que ahora están baratos y agarró para el lado de los tomates. El martes fue el acabose, más bien el lluviose. Usted sabe que Mendoza no es una ciudad de la que podamos decir que está preparada para soportar grandes aguaceros. Pues esta vez tampoco los soportó. Calles inundadas, veredas inundadas, las acequias que gritaban por fin nos toca un poco de agua, atosigamiento del tránsito, esquinas que solamente se podían cruzar en estilo crol o estilo pecho. Los taxis colapsaron. Algunos autos que tuvieron que apagar el motor y moverse con remos.
La gente estaba más desconcertada que Chávez frente al rey de España. Varios volvieron a sus hogares con el cartelito de Knorr Suiza, porque estaban hechos sopa. Por algunas calles se vieron pasar camalotes, jangadas y algún submarino enemigo. Y, como siempre, los más perjudicados fueron aquellos que menos tienen.Algo vamos a tener que hacer, porque el clima no está en sus cabales. Estoy seguro de que se pasa este chaparronazo y se nos viene encima otra temporada de calor que nos va a hacer extrañar a la misma lluvia que ahora insultamos. Y, bueno, qué le vamos a echar la culpa al clima si nosotros somos también como él. Pedrito Mazza, a ver si hacés algo por cambiar esto, macho, ¿ah?
