La causa exacta de los calambres musculares, según lo que apuntan los estudios más recientes, sería de origen neural, debido a una hiperactividad de la placa motora provocada por el aumento de frecuencia de los potenciales de acción, lo que sucedería por ejemplo, al realizar ejercicio físico.

Aunque los estudios en este aspecto son poco concluyentes, se cree que otros factores que podrían influir en la aparición de calambres serían la deshidratación o la falta de irrigación en los músculos afectados.

¿Cómo actuar ante un calambre?

Ante el primer signo de un espasmo muscular se debe suspender la actividad física que se esté realizando, estirar y masajear la zona afectada con movimientos circulares lentos durante un par de minutos. Por supuesto, debemos aprovechar para re-hidratarse, ya que la pérdida de líquido es la causa más común de calambres en deportistas.

Una vez que pasó el dolor, es necesario abanconar el entrenamiento o la competencia, ya que lo más probable es que el calambre se repita con mayor intensidad y al esforzar el músculo afectado es seguro lesionarse. 

Una de las probables causas del calambre es la falta de hidratación o la falta de consumo de ciertos alimentos que ayudan a evitarlos, sobre todo la falta de calcio, magnesio y potasio sustancialmente.

Es importante que durante la semana previa a una competencia, tengamos buena idratación para evitar estas molestias.

Analizar y corregír la técnica, muchas veces estas dolencias se producen por malos movimientos efecuados durante la práctica deportiva. Lo ideal es consutar con un profesional de educación física las posturas adecuadas para cada actividad. 

Procurar una dieta rica en frutas, verduras y no demasiado alta en proteínas, contribuye a evitar calambres.

La fruta más recomendada es la banana, por su alto contenido de potasio.

Si luego de aplicar estos consejos, los calambres continuan, lo más recomendado es acudir a consulta con un traumatólogo o médico general para evitar posibles lesiones.