Elecciones de perspectiva. De puntos de vista. Donde todos quieren posicionarse como potenciales ganadores, más allá de lo que muestren los porcentajes. Donde todos, también, pueden ser considerados perdedores en el análisis más exhaustivo de los resultados. Y donde, indudablemente, hay quienes deberán repensar su carrera política.

A partir de ahora y hasta octubre se tratará de cuotificar la dosis de euforia. De eso se trata, en definitiva, una campaña política. Poco importará la sintonía fina. En todo caso, de allí saldrán los argumentos para seguir seduciendo o convenciendo. Pero, siempre, puertas hacia adentro.

Cornejo y el equipo de gobierno se mostró exultante cuando se conocieron los primeros datos oficiales. La primera traducción de ese festejo es que se habían alcanzado los objetivos trazados y que las urnas respondieron a las expectativas. Para el mandatario mendocino, estas Primarias, camino a las elecciones de medio término, son un plebiscito de su gestión.

Sólo una tragedia electoral hubiese provocado que el gobernador fuera desaprobado; en especial, porque hasta el momento su gestión está dentro de los parámetros esperados. Más allá de los problemas internos que van surgiendo, logró cierta estabilidad. Y eso, luego de lo que significaron las gestiones de Celso Jaque y de Francisco Pérez, es un detalle que puede calificarse como un logro importante.

Cornejo aprobó el resultado de las PASO. Hasta ahí nomás. Los antecedentes inmediatos muestran triunfos aún más contundentes, con un peronismo reducido a un mero papel de espectador agonizante. Es cierto, eran otros tiempos y otro contexto político. La resistencia al Gobierno nacional comandado por el kirchnerismo era más reaccionaria y eso estimulaba el voto opositor. Hoy, la realidad da margen para jugar electoralmente y probar variantes. Pero tampoco es para descuidarse.

No se trata de una elección ejecutiva, donde la matemática es lineal y gana el que tiene más votos. Acá los porcentajes afectan e influirán en el nivel y la calidad de gobernabilidad. Y cuando el sistema D’Hondt haga el reparto de cargos, la sonrisa puede desdibujarse, tanto por la cantidad de diputados que irán al Congreso como por los nuevos legisladores provinciales.

Ese es el secreto de las PASO. Medirse, reagruparse y plantear nuevas estrategias. Es un juego de sensaciones y de estados de ánimo. 

El peronismo mendocino, por su parte, está tratando de sacar conclusiones y, a partir de allí, ver cómo se rearma. En realidad, es la misma tarea en la que está encaminado hace un par de año, pero no le encuentra la vuelta.

El primer paso fue romper con el kirchnerismo. Se deshizo rápidamente del Frente Para la Victoria y les tiraron el peso de la historia a los chicos de La Cámpora. Lo que nunca imaginaron los viejos capitostes pejotistas es que ese mismo grupo se le iba a plantar para dar una pelea interna. 

En el medio, Carlos Ciurca, que venía de perder en el territorio donde supuestamente era imbatible, terminó socavando al peronismo más tradicional con la candidatura de Jorge Tanús, cuya trayectoria legislativa no le sirvió de nada ante el desconocido Juani Jofré, un sancarlino que se limitó a decir que será un soldado de CFK.

Ahora, a esos jóvenes que intentó echar, el peronismo deberá seducirlos. O, en todo caso, negociar con ellos, porque mostraron tener un peso electoral que no habían imaginado.