No sería disparatado imaginar que, por estos días, alguna, una parte o todas las organizaciones ambientalistas que se muestran activas en la provincia estuviesen haciendo una suerte de revisión de su actuación, doce años atrás, cuando conseguían, con el aval de la política, claro está, la sanción de la por demás famosa ley 7.722, denominada Ley Antiminera. Esa revisión, como una crítica a sí mismas a tantos años vista, podría contener también un mea culpa por haber permitido que tal norma habilitase cualquier explotación minera, siempre y cuando no usase para su explotación sustancias altamente contaminantes y venenosas, como el mercurio, el ácido sulfúrico, el cianuro “y otras” sin especificación.

La ironía no es una falta de respeto ni mucho menos una burla al trabajo de tales organizaciones, sino una mera observación de cómo el sector ambientalista en general de la provincia –férreo defensor del agua más no tan crítico con el derroche de ese recurso y la falta de eficiencia en su uso en la que incurren otras actividades– se ha venido negando sistemáticamente a cada proyecto minero que se haya presentado dentro de los límites de la misma ley que impulsaron. Por las formas y maneras por la que se plantan ante cualquier emprendimiento, incluso de aquellos que no utilizan agua o que no lo hacen en demasía, dan a entender con claridad que no quieren nada y que no permitirán que pase nada por el estilo que esté a su alcance.

El martes sorprendió la Iglesia mendocina cuando, en la misma línea de las organizaciones autoconvocadas en defensa del agua y ambientalistas, por medio de un comunicado del Arzobispado, firmado por su máximo referente, Marcelo Colombo, advirtió a la Legislatura de los efectos negativos que podría tener la aprobación en marcha del proyecto de exploración de Hierro Indio, en Malargüe. Adosó a la misma la necesidad de escuchar todas las voces sin dejar a nadie fuera y utilizó, como argumento fuerte del escrito, un fragmento de la encíclica papal “Laudato si’, aquella elaborada por el papa Jorge Bergoglio. Allí se lee: “Hay que dejar de pensar en ‘intervenciones’ sobre el ambiente para dar lugar a políticas pensadas y discutidas por todas las partes interesadas. La participación requiere que todos sean adecuadamente informados de los diversos aspectos y de los diferentes riesgos y posibilidades, y no se reduce a la decisión inicial sobre un proyecto, sino que implica también acciones de seguimiento o monitorización constante. Hace falta sinceridad y verdad en las discusiones científicas y políticas, sin reducirlas a considerar qué está permitido o no por la legislación”.

Aunque la publicación del Papa va dirigida al medioambiente en general, el fragmento elegido por Colombo dice muchas cosas y particularmente pone en tela de juicio los estudios científicos y hasta las leyes. Ayer, miércoles, el Senado provincial habilitó el tratamiento sobre tablas, en el recinto, del pedido de autorización para la exploración en Hierro Indio sin siquiera analizar el documento de advertencia del arzobispo Colombo. Muy probablemente el martes 5 de noviembre sea aprobado.

La actitud de la Iglesia llama a confusiones y también a contradicciones, mucho más por su permanente reclamo, válido y lógico, de trabajo y una vida digna para los más necesitados y los pobres de la sociedad, pero, a la vez, se manifiesta en contra de un proyecto que puede responder a esas necesidades, más en un departamento que, contando con los recursos, no los puede explotar, en la mayoría de las veces por razones o cuestiones que no terminan de ser explicadas y fundamentadas en su totalidad.

La Unión Industrial de Mendoza (UIM), también por medio de un escrito, puso en relieve las contradicciones del arzobispo Colombo. Además de recordar la permanente prédica de la institución eclesiástica por educación, trabajo, salud y alimentación para quienes hoy no la alcanzan, los empresarios recuerdan: “Somos una provincia con más posibilidades y recursos que otras en el país para resolver sus problemas estructurales de trabajo, empleo, pobreza y desarrollo. Sin embargo, hace más de 12 años que el empleo genuino no crece, y nuestros indicadores de pobreza, indigencia o desempleo tienen índices insostenibles”.

La UIM dice, además, que en la audiencia pública realizada en Malargüe el 25 de setiembre se manifestaron todos los que lo solicitaron y que el pueblo en su conjunto pidió su aprobación, en particular de los estudios técnicos, con la 7.722 en la mano, que llevó adelante la Universidad Nacional de Cuyo.

“Los desafíos ambientales que enfrenta el mundo son, sin dudas, complejos y deben estar lejos de las consignas y esloganes que lo minimizan. ¿O es que no hemos pensado aún que el desarrollo de energías limpias, como la solar, la eólica o la nuclear, requieren ineludiblemente incluir a la actividad minera para aportar las materias primas necesarias para ellas?”, se preguntan los industriales, agregando que el “debate de ideas y búsqueda de consenso son atributos necesarios para toda sociedad democrática. Se fundan en el valor de la palabra, en la honestidad intelectual, el aporte del conocimiento y en el ordenamiento necesario que nos dan las leyes, las instituciones y la Constitución, que nos permite encauzar estas energías hacia el bien común. Sobre estas bases, tenemos la responsabilidad de actuar y resolver cómo Mendoza creará las condiciones de desarrollo necesarias para dar la inclusión a quienes hasta acá están fuera del sistema”.

Mendoza necesita despegar económicamente, pero también culturalmente. Eso requiere ser responsable y conscientes de la necesidad de que la formación y el estudio, individual y colectivo, son condiciones ineludibles para que todo crecimiento y desarrollo se dé dentro de los parámetros por donde discurre el mundo moderno, atendiendo el medioambiente y respondiendo a las nuevas demandas. Mientras estas condiciones no avancen juntas, seguirá siendo muy difícil alcanzar un grado de comprensión, de acuerdos y de consensos mínimos y se seguirá, cuando menos, en ese estancamiento crónico, perdurable, que atrasa y es profundamente pernicioso.