Buenos días, a pesar de todo. Escuchame vos, pibe, quiero que conozcas a este tipazo. Podría decirte de él muchas cosas, y muchas cosas buenas, como por ejemplo que es uno de los artistas plásticos más renombrados del mundo, aunque él seguramente preferiría la denominación artes visuales.

    Podría decirte que sus obras están en los más destacados museos de arte moderno, en la galerías más renombradas, en edificios que son notorios mundialmente. Podría decirte que recibió varios premios, que ganó en 1967 nada menos que la Bienal de Venecia, uno de los acontecimientos más destacados de la plástica, que también fue premiado en la Bienal de San Marino y en la de Cuenca.

    Podría decirte que estudió en la Escuela Nacional de Bellas artes Prilidiano Pueyrredón y que en 1958 fue becado por el Gobierno francés y que ya en París fundó, con otros artistas, el trascendente Grupo de Investigación de Arte Visual. Podría decirte que un día, sin abandonar pincel y paleta, pensó que se podía hacer arte con otras sustancias y objetos, y puso manos a la obra. Te podría decir que ha expuesto en las principales ciudades del mundo.

    Te podría decir que fue deportado de Francia por participar activamente en aquel recordado y revolucionario Mayo Francés en 1968. Te podría contar algunos de sus pensamientos, por ejemplo cuando dijo: “Todo artista latinoamericano con conciencia revolucionaria debe contribuir al rescate y a la formación de valores nuestros, para configurar un arte que sea patrimonio del pueblo y expresión genuina de nuestra América”.

    Podría contarte muchas cosas de Julio Le Parc, por ejemplo que el centro provincial de la cultura, todavía no inaugurado, ha de llevar su nombre. Pero prefiero que sepas esto: que Julio nació en Mendoza allá por 1928. Que era hijo de un padre ferroviario y por eso su familia se trasladó a Palmira, donde vivió, ahí en Javier Molina 160.

    Que fue muy humilde, que hizo trabajos de vendedor de diarios, de reparador de bicicletas, de embalador de frutas, pero nunca abandonó sus pretensiones artísticas, sus sueños, su vocación y con prepotencia de vida llegó a la cumbre del arte mundial. Es mendocino como vos, pibe, tal vez humilde como vos. Te cuento eso porque estoy seguro que él te diría: no me aflojés, culillo, no te rindas yo te aseguro que se puede, se puede pibe, se puede.