Las napas freáticas en algunos lugares están agotadas. En Estados Unidos, el río Colorado y, en China, el Amarillo, muchas veces se secan antes de llegar al mar. El mar interior de Aral, en Asia, ya ha perdido la mitad de su caudal, y más angustiante es la situación del lago Chad en África, que ha perdido noventa por ciento de su superficie. Los poderosos van a tratar de apropiarse del agua en el futuro mediante la compra de tierras con recursos naturales. Algunos sospechan que detrás del motivo central de la guerra en Irak, la apropiación del petróleo iraquí, está la intención de controlar los río mitológicos Tigris y Éufrates. Las grandes corporaciones han pasado a administrar gran parte del agua del planeta y, en los próximos años, un pequeño grupo de empresas privadas podrá controlar 75 por ciento de ese recurso de vida. Muchos glaciares están en retroceso, es por eso fundamental que se los cuide como uno cuida a sus niños, porque, en ambos casos, significa cuidar el futuro. El Senado argentino aprobó la Ley de Protección de Glaciares, y me parece algo muy importante. Bien por los senadores de nuestra provincia, que apoyaron el proyecto más proteccionista. Mucho lobby hicieron las empresas mineras y las provincias alineadas en pro de la minería para que la ley resultara más blandita de lo que resultó, pero triunfó la posición de los organismos ambientalistas, que defienden la preservación de estos depósitos de vida que son los glaciares. Algunos dicen que es una ley en contra de la minería, no es así, los glaciares en Mendoza, por poner nuestro ejemplo, ocupan sólo 1 por ciento de la superficie provincial , tienen 99 por ciento disponible para sus negocios, siempre que no arruinen la vida. Ayer el agua de los argentinos se salvó de peligros inminentes, pero no se salvó de otros contaminantes que todavía la acechan. Yo digo, dicen que el peor contaminante es el cianuro, a mí me parece que más contamina la codicia.