“El mundo está cambiando”, dijo Bush probándose un turbante. Teníamos como hecho cierto, que ciertos países eran representados en el ambiente económico internacional por algunos productos que los caracterizaban. Uno dice Cuba y piensa en el azúcar, uno dice Paraguay y piensa en las naranjas, uno dice Arabia Saudita y piensa en el petróleo, uno dice Japón y piensa en las computadoras, uno dice Alemania y piensa en autos, uno dice Holanda y piensa en tulipanes, uno dice Corea y piensa en todos los productos antes dichos, pero eso sí, imitaciones. Uno dice Estados Unidos y piensa en invasiones. ¿Qué piensa económicamente cuando uno dice Brasil? Pues, en café, bananas, cacao, soja, maderas, turismo.
Pues nos estamos olvidando de algo: el fútbol. En el 2007 exportó nada más y nada menos que 1.086 futbolistas. Un negocio que en un año movió 17.000 millones de dólares. Representa el 4,8% del producto bruto interno de Brasil, y no quiere decir que los futbolistas sean todos brutos, hay muchos que son talentosos. Supera los ingresos logrados por el carnaval y el café. Y esta exportación no solamente se realiza con los países fuertes en el ámbito futbolístico: España, Italia, Inglaterra, Francia, Alemania, Portugal, Holanda, no, hay futbolistas brasileños jugando en Azerbayán, Irán, Surinam y Trinidad Tobago. Ustedes vieron que hay canales que de pronto pasan partidos insólitos, por ejemplo: un partido de segunda de la liga de fútbol china entre el equipo de Tai Chu Pao y el poderoso representativo de Mean Gue viao.
Bueno, seguramente en esos dos equipos hay futbolistas brasileños. Claro, cómo no van a ser pentacampeones del mundo si pueden formar unos cien seleccionados fácilmente. A lo mejor es un ejemplo para seguir, no digo abandonar nuestros productos tradicionales, pero prestarle un poco más de atención a los potreros y a las divisiones inferiores. En una de esas, quien sabe, si actuamos de esa manera algún día podamos ganar la Copa América. ¿Quién sabe, no?
