Entrená tu cabeza: visualizá cómo correrás cada kilómetro con la estrategia perfecta. Imaginate a vos mismo en la salida tranquilo, subiendo una dura cuesta y terminando rápido.

Respirá profundo: respirar con el diafragma calma tu cuerpo, relaja tu mente y mejora el rendimiento al incrementar tu oxígeno en sangre. Cuando te sientas tenso tomá aire profundamente y soltalo de forma fuerte.

Leé y escribí: revisá tus entrenamientos, anotá tus tiradas largas, kilómetros realizados y entrenamientos duros. Anotá los logros específicos en los entrenamientos: fondos terminados, el trabajo que se hizo más rápido y las prácticas de comer a mitad de carrera.

Sé realista: no te aferrés a una meta que fijaste hace meses. Ajustá tus expectativas según mejore tu forma física, tu salud y las condiciones.

Sonreí: sonriendo sólo unos pocos segundos realmente se puede levantar el estado de ánimo y evitar salir demasiado tenso.

Previsualizá el terreno: para no llevarte desagradables sorpresas, como subidas o giros inesperados, familiarízate con el recorrido, a pie, en el auto por el circuito o con el perfil del mapa en la web de la carrera. Un extra te llevás si podés hacer entrenamientos en el recorrido de la carrera.