Pensé en una broma, pero la voz temblorosa no dejaba espacio para el humor. Entonces me metí en la televisión, que ya estaba cubriendo esa noticia que comenzaba a dar la vuelta al mundo. Hasta llegué a pensar idiotamente: “¿Cómo le puede pasar esto a Kirchner?” Como si no hubiera sido un mortal como todos. Después traté de dimensionar el hecho. La palabra me surgió sola: estupor, estupor por todos lados. La muerte había accionado su guadaña y todo un país y gran parte del mundo estaba inmerso en el estupor. Había muerto el hombre más influyente de la Argentina de los últimos años. Ese que llegó a la presidencia con un porcentaje mínimo de votos pero que desde el inicio dio indicios de que la cosa iba en serio y terminó su mandato y se erigió como un referente imprescindible, el que posibilitó que su mujer lo siguiera en la gestión, el capo del Unasur que une a los países de Sudamérica como nunca antes lo habían estado. Entonces vinieron los lamentos, los pésames consabidos, la consternación henchida de palabras y también de falsedad, porque muchos de los que hoy llenan sus pañuelos de lágrimas no dudaron en bombardear continuamente la gestión kirchnerista y no dudaron de pintarlo con todos los colores del espectro de los insultos. La muerte es hipócrita, allana para el lado de la bondad todas las opiniones. ¡Pobrecito el finadito! Kirchner murió en su ley, la del movimiento continuo, había tenido avisos y recomendaciones de sus médicos para que parara. No paró, no quiso ni se le pasó por la mente. Fue un militante de su causa, y yo, particularmente, respeto y admiro a todo militante que entrega la vida por sus ideas, aunque no piense como él. La historia seguramente dirá más cosas de las que podemos decir hoy, pero no pasará por alto el tiempo de Néstor Kirchner. Anteayer, el censo contó un argentino menos, hubiera sido bueno incluir una pregunta en los formularios censales: “¿Cómo se siente usted con la muerte de Kirchner?”, así hubiéramos tenido las cifras del dolor de un país.
Estupor
Fue un terremoto de sorpresa,
todo el país se movió. Serían las
nueve treinta, habían terminado
de censarme cuando me llamaron.
La voz amiga me dijo consternada:
murió Kirchner
