Buenos días, a pesar de todo. Muchos de los que son católicos, apostólicos, romanos –lo de romano todavía no lo digiero muy bien– se aprestan a celebrar la Navidad y desde el 8 de diciembre tienen el pesebre preparado. El pesebre es la representación pseudoteatral de lo que ocurrió en Belén hace 2012 años, aproximadamente, años más años menos. Durante mucho tiempo se ha mantenido la creencia de que Jesús nació en un pesebre, o sea en un establo, rodeado de animales, con pastores que venían a celebrarlo y con Reyes Magos que llegaron algo después provenientes de algunas zonas de Oriente. Hay gente que tiene apreciaciones particulares en torno al hecho, que no está muy documentado y en el pesebre ponen figuras de una obstetra, algún vecino curioso que viene a mirar por qué llora el nene, soldados romanos que esperan para tomarle las impresiones digitales al recién nacido y, entre los animales, meten camellos, yacarés, ballenas, dragones, osos panda y llamas del Altiplano. Otros, tan ignorantes como modernosos, no dudan en ponerle al pesebre muñecos de He-Man, el Hombre Araña, un alien, Batman, Superman, Petete, Hijitus y el Boxitracio, y cuantos muñecos encuentran en el cajón de los juguetes de los pibes. No tienen rigor histórico esos pesebres. La costumbre es un burro, un buey, una oveja, perros, que seguramente habría en aquella zona en aquel momento. Eso estaría bien. Pues no, no está bien, ha aparecido un libro religioso en Europa, todavía no llega a nuestro país, que desmiente esa situación, dice que buey no hubo, que burro, tampoco. Es más, se aventura a asegurar que Jesús no nació en un pesebre sino dentro de una cueva. Incluso, se atreve a doblar la apuesta, por ejemplo, a decir que los Reyes eran, en realidad, originarios de España. Loco, nos están dando vuelta todo, resulta que los conocimientos que teníamos firmes como una roca son sólo arena que se nos escapa de la mano. Lo único que falta es que la estrella de Belén sea un plato volador y que, en vez de una cuna de paja, el niño haya nacido entre virutas de telgopor. Y lo más curioso del asunto es que el autor del libro es Benedicto XVI, el actual Papa, que es teólogo y de estas cosas manya un montón. Así que yo les pediría a los curas de todo el país que impriman un manual sobre la forma de armar correctamente un pesebre y lo repartan con tiempo, porque estamos realmente desconcertados. Eso sí, estuve estudiando todas las variantes de aquel momento trascendental para la comunidad cristiana y en ningún pesebre, absolutamente en ninguno, aparece Papá Noel. ¿Será un olvido involuntario o será que la familia del niñito no tenía un mango ni para comprarle un chupete? Por favor, un poquitito de respeto, che.
