Hay hombres para todo, para los surcos, para los cielos, para los mares, en este mismo momento, hay algunos muriendo en Fukuyima para salvarnos, en este mismo momento hay algunos en algún laboratorio tratando de ver más allá de la muerte, en este mismo momento hay un maestro caminando su camino de polvo, de ausencia, de miseria, para darle de comer a las bocas abiertas del hambre del conocimiento. Hay hombres para todo. Hubo un hombre, hay un hombre, el verbo se me distorsiona y me pregunto.
¿Puede la muerte con un verbo? Hay un hombre, entonces, que se encargó de esculpir palabras para que los vienen puedan construir sus monumentos, para que digan, ayer, alguien pensó en nosotros. Se puso a soñar un planeta cristalino, un valle sin gatillos, una ciudad con el sol en sus balcones, un río transparente de verano desnudo, un cielo sin las nubes marrones del progreso. Un abrazo de todos sin que nadie quede afuera, una sola bandera y un solo manifiesto: Los hombres estamos aquí, aquí fuimos sembrados, para que todos los hombres tengan su fundamento, para que todos juntos pintemos el jardín de no me olvides, de si te acuerdes, de pensamientos.
Hubo un hombre, hay un hombre que se envolvió en palabras y salió a ser leído por todo el universo. Se dio de cuerpo entero, y dijo paz tantas veces que la paz se hizo viento. Un hombre que se puso a defender la vida con cada respiración, con cada gesto, que lloró hasta las cicatrices, las tiranías, que gritó cada uno de los que no tuvieron forma de amanecer otra vez, que cantó con las voces de un canto muchedumbre que se tatuó en el alma la palabra pueblo. Hubo un hombre, hay un hombre, llamado Ernesto. Maestro, yo lo encontré en un túnel de donde yo no salía, y usted llevaba siglos de estar adentro, y desde entonces, llevo su palabra en mi sangre su voz en mis silencios.
Desde entonces lo sigo por sus caminos torvos y por esos paisajes que sueño y de misterios. Por las noches profundas de asfalto y de cemento, lo sigo y lo persigo, lo busco y lo remedo, porque sé que me sigo cuando lo estoy siguiendo, porque sé que la patria, la libertad, la justicia, el hombre enteramente hombre ha de llamarse Ernesto.
