De estar lleno hubiera estado en cien por ciento, como Sobisch. Decimos que el recital fue un éxito, había dos mil personas, pero resulta que el estadio donde se dio el recital admite tres mil personas, o sea que había mil lugares sin gente, vacíos. Puede haber sido un éxito pero no un éxito total. Otros números, los que habitualmente da el INDEC, organismo que últimamente ha estado más sospechado de autenticidad que Bin Laden tomando una cocacola. Según el INDEC, la pobreza en Argentina ha bajado de manera considerable.
En el segundo trimestre de este año afectó a 20,8 por ciento de las personas, mientras que la indigencia se abate sobre 6,9 por ciento de la argentinidad. La pobreza es no tener las condiciones mínimas para subsistir, para ir tirando, como se suele decir. La indigencia es una pobreza extrema, indigna, ambos, flagelos de una humanidad que ha demostrado que tranquilamente puede ser injusta.
Si uno ve los números del INDEC por el lado del vaso lleno, podemos decir que estamos mejorando, que hay una disminución en la tasa de desocupación en el país y que se visualiza una tendencia a la humor > reducción en los niveles de pobreza e indigencia, pero si uno lo mira por el lado del vaso vacío, hay seis millones de personas todavía pobres del verbo pobre y casi dos millones de personas que están en la indigencia del verbo ignominia.
Ahora, si uno lo mira por el lado del que tiene sed, no puede menos que preguntarse cómo puede haber tantos que deben rebuscársela para comer todos los días con un país que produce alimentos como para mantener la guata llena a más de trescientos millones de personas, cómo no puede mantener al menos bien alimentados a millones de niños que no lo están. No sé si el vaso está lleno o está vacío,pero por algún lado está rajado.
