Con una vida de cinco mil años, el té es cada vez más recomendado en medicina, donde estudios científicos han comprobado que la ingesta de esta infusión puede combatir el crecimiento de tumores malignos.
A lo largo de las últimas décadas hemos podido ver cómo el té se ha instaurado en la sociedad como una infusión que no sólo es agua caliente con sabor, sino mucho más que eso. En el siglo XX, estudios científicos demostraron que una sola hoja de té contiene alrededor de 500 tipos de elementos beneficiosos para la salud. Entre otros, los polifenoles (antioxidantes) y la teína, que pueden incrementar o fortalecer la inteligencia y la belleza y actuar como un elemento antiedad, anti radiación y anticancerígeno.
Y con el tiempo no sólo tuvimos el té, sino también toda la ceremonia que de él se desprende y el sinfín de variedades por las que podemos optar. Lo que también se ha popularizado es el concepto del té como un producto que elimina el cansancio, eleva la eficiencia en el trabajo, facilita orinar, promueve una circulación de la sangre más fluida, alivia la tos y el asma, lucha contra las infecciones de garganta, boca y dolores de estómago, ayuda a adelgazar y protege los dientes.
Un sinfín de variedades
Si bien hay muchas tipos de té –hablamos de miles– vamos a distinguir los más conocidos. El té blanco, verde, negro, oolong o azul y el rojo. Cada uno ayuda y favorece al organismo de una manera distinta y tanto su composición como su cuerpo y aroma son diferentes.
Pero si hablamos de una moda del té, no podemos quedarnos sólo en la infusión, cuando en el mercado se lo encuentra como componente de cremas, perfumes, jabones y limpiadores faciales, entre otros.
Indudablemente, el té se nos presenta como una opción interesante de la cual podemos obtener una inmensidad de beneficios. El té no sólo nos ayuda a calmarnos, sino que nos enseña a saborear la vida de otra forma, así como cuenta la tea eclectic, Irmi Marcheta, que le sucedió a ella: “Mis amigas insistieron en principio con que me dedicara a esta tarea artesanal y natural de hacer mezclas de tés. Los aprobaban con éxito y así fue como de recorrer cada mercado de Oriente y perderme entre fragancias de especias, frutos y hierbas, vuelco mi ternura y mis conocimientos en esta elaboración de ofrecer ‘el alma del té’, mediante un sabor distinto para compartir la vida”.
