Al cumplir 20 años el programa de seguridad alimentaria ProHuerta que está dirigido “a la población en situación de pobreza estructural”, coordinadores locales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) destacaron su utilidad y proyección social en la provincia, donde 150.000 personas son beneficiarias de esta herramienta. “Sólo en Mendoza, unas 28.000 huertas familiares tienen alrededor de 150.000 beneficiarios, algunos de los cuales pasaron a integrar huertas comunitarias, que están formadas por 8 a 10 vecinos que deben contar o tramitar ante el Municipio una hectárea de terreno para cultivar, para los que INTA acopia semillas para las temporadas primavera-verano y otoño-invierno”, explicó el coordinador en Mendoza, Guillermo Guida.

     “El programa nació en el contexto tras el auge de las políticas neoliberales (1980-1990) para remplazar políticas asistencialistas en grupos vulnerables de la sociedad por una política pública de autogestión que fue apropiada por la gente y naturalizada como de ella”, reseñó el coordinador nacional de ProHuerta, Roberto Cittadini. Al disponer de un pequeño terreno y agua para riego en algún lugar de la vivienda, los técnicos del INTA les proveen semillas de hortalizas y asesoran sobre formas de cultivo y rotación de semillas, según la estación del año, cuyo producido consume la familia sin gastos extras. Cittadini afirmó que “el Pro- Huerta hoy aporta soluciones alimentarias a más de tres millones de argentinos, instalando una mecánica de trabajo conjunto que, además, involucra a ministerios, gobernaciones, municipios, organizaciones de la sociedad civil y familias, sin antecedentes en América latina”.

       Por su lado, Guida destacó también experiencias que van desde pequeñas huertas que cuidan entre los familiares para consumo “interno”, a la posibilidad de integrarse a vecinos para alcanzar cultivos en una huerta comunitaria, hasta los proyectos para animarse a concretar microemprendimientos comerciales