En 2007, el desembarco de Celso Jaque a la Casa de Gobierno no fue para nada armónico. En el periodo de transición entre su llegada y la salida de Julio Cobos, los puntos en común entre los gabinetes no existían; sobre todo, porque el malargüino apenas -y sobre la hora- había podido armar su primera línea de ministros. Después, con el correr de las semanas, iría completando los cupos vacantes en los cargos políticos…
Uno de los primeros conflictos silenciosos que tuvo que enfrentar Jaque fue en el Ministerio de Salud. Con Sergio Saracco a la cabeza y la impronta de su cuñado, Ricardo Landete, el flamante gobernador recibió una fuerte presión para pagar a la Fundación Conin el dinero que le había prometido Julio Cobos.
Para los funcionarios de ese momento, fue una extorsión. Aseguraron que Abel Albino sugirió que, de no cumplir, podía recurrir a los medios para mostrar información que hablaba de desnutrición en la provincia, y que sabía cómo hacerlo. Eran datos que no estaban en ningún registro oficial del Ministerio, “pero en ese momento era obvio que le iban a creer más a él”, lamentaron.
Se redactó una norma marco para transparentar la transferencia de dinero a Conin. “Queríamos saber en qué se gastaba y por qué había que darle la plata”, recordó Landete.
“Nos parecía que se estaba manejando muy mal el tema y que por más que fueran subsidios, si eran cuestiones de salud los debíamos monitorear nosotros”, agregó Saracco.
“Celso no lo podía ni ver a Albino. En esos primeros meses lo volvió loco”, completó un funcionario actual que prefirió hablar en off.
La misma situación se da con la mayoría de los médicos. Cuestionan el proceder de Albino y de la Fundación Conin y aseguran que no entienden el porqué de la financiación estatal. Sin embargo, desde el 2001 el Ejecutivo hace aportes importantes y ninguna gestión se animó a cortar ese chorro.
La historia comenzó durante la gestión de Roberto Iglesias. Era un momento crítico desde todo punto de vista en el país, y la alternativa de una fundación que ayudara a combatir el hambre era más que tentadora; más aún, sabiendo que venía del lado más poderoso y con mayor influencia de la Iglesia Católica.
Tras los años tormentosos con Jaque, la bonanza a Conin llegó con Francisco Pérez. De la mano de Carlos Díaz Russo como ministro y aconsejado por Arturo Erice (ambos vinculados con la prepaga Osde), se canceló parte de la deuda que el Estado tenía con la fundación de Albino.
La gestión de Cornejo no fue la excepción: el año pasado, la Provincia destinó 4 millones de pesos a Conin.
“Hay una realidad: Conin llega a zonas donde el Estado no está presente. Entonces se lavan culpas de esa manera. Además, sería enfrentarse directamente con el poder económico de la Iglesia. Albino se corta solo y se opone a que se haga seguimiento y control”, aclaró un ex ministro de Salud.
Durante la gestión de Jaque, el Ministerio de Salud tuvo llamados de atención del Tribunal de Cuentas por la forma en que se habían rendido los gastos de la fundación que encabeza Albino. No es una novedad: profesionales y empresas que aportaban dinero se alejaron por no estar de acuerdo con la forma en que se manejaban los fondos.
El método Conin se basa en el asistencialismo con rasgos pastorales, donde se cambian los roles protagónicos: no se trata de una institución defendiendo o peleando por el derecho de los más vulnerables. Está visto como un gesto de caridad.
La visión confesional de las prácticas médicas también ha sido cuestionada. El abordaje de los casos de desnutrición aguda es multidisciplinario. Se deben atacar las diferentes variables sociales que pueden estar afectando a los chicos y a sus familias.
De hecho, estadísticamente, en Chile –donde nació Conin- los casos de éxito nutricional tuvieron que ver, más que nada, con la mejora socioambiental que mostraron los chicos y donde nada tuvo que ver Conin. Y el porcentaje, en relación con la cantidad de niños atendidos, es bajo. Se estima que el 87% de los niños atendidos volvió a tener problemas alimentarios por no poder hacer un seguimiento amplio.
“Es así: en caso de desnutrición, la alimentación incide en un 40%; el 60% restante tiene que ver con características sociales. Por eso, hablar de darle un caja de leche a cada niño como fórmula para vencer la desnutrición, sin tener en cuenta las determinantes sociales, carece de rigor científico”. Así lo que expresó Norma Piazza, médica especialista en Nutrición e integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
La SAP ha sido el organismo más crítico al accionar de Albino; básicamente, porque no hay evidencias científicas que puedan avalar sus posturas. La afirmación escandalosa y poco feliz hecha en el Congreso hace unos días, donde señaló que el preservativo no sirve para evitar contagio de enfermedades de transmisión sexual, es una de ellas.
“Tratar esas determinantes sociales –explicó Piazza- implica también dar herramientas de salud sexual y reproductiva. Las expresiones de Albino sobre el tema no son, por lo tanto, las más favorables ”.
Prohibir los métodos anticonceptivos o manifestarse en contra del uso del preservativo es, para Piazza, profundizar la situación de vulnerabilidad en la que ya están esos chicos y sus familias.
El discurso de Conin es impecable desde la retórica. La estrategia es simple: plantear la necesidad de combatir la desnutrición para generar igualdad de oportunidades. Suena recurrente y hasta lógico, pero está armado de tal modo que se presenta como opción difícil de rechazar ante un Estado ausente. Y es ahí donde se genera la empatía.
“En reiteradas oportunidades hemos manifestado a las autoridades de turno nuestro malestar por los argumentos vertidos por el doctor Albino sobre sus presuntas fórmulas para combatir la desnutrición y enfermedades de transmisión sexual, carentes de evidencia científica y alejados de una concepción integral de la salud”, manifestó la SAP hace unos meses en un comunicado.
“Opino exactamente lo mismo que la SAP. ¿Por qué se siguen haciendo convenios con Conin? No lo sé”, responden dos médicos del Notti. En ambos casos, piden por favor que no se publiquen sus nombres.
“No tengo nada bueno para hablar de Albino. Hace un negocio con la pediatría. Pero si salgo a pelearme públicamente, me pone a todo el Opus Dei en contra”, disparó uno de los pediatras más prestigiosos de Mendoza.
Héctor Abate, director ejecutivo del Notti no fue la excepción: “Toda la información vinculada con la relación entre el hospital y Conin la maneja el Ministerio de Salud”.
“No sé por qué pasará eso en la provincia. No sabía que los médicos se sentían así de presionados. Lo bueno es que pueden expresarse a través de la SAP”, dijo Piazza.
Este diario intentó comunicarse en reiteradas ocasiones con Abel Albino, pero no obtuvo respuesta.
