Es llamativo que, en tiempos donde corremos detrás de la inflación, el control de los precios sea delegado en organizaciones sociales afines al Gobierno nacional. La inspección de alimentos, uno de los rubros que más ha subido incrementos en el último año, en supermercados es una herramienta estratégica para luchar contra las variaciones bruscas de valores en las gondolas. Pero la decisión parece ser desacertada, puesto que quienes pondrán la lupa serán los movimientos que, en algunos casos, tienen una prestación político-monetaria con el Estado nacional.

En la provincia, hay organismos que deberían estar dedicados a esta tarea puntillosa de anotar y comparar de una semana a la otra. El problema es que parece haber una desconexión en este punto entre Nación y Provincia que permita sumar refuerzos. En ese limbo, aparecen organizaciones como el Movimiento Evita o Barrios de Pie. Es curioso, de hecho, cómo la primera suma más aplicaciones en el territorio. También saldrán a concientizar sobre la vacuna Sputnik y ya se han capacitado para eso. 

Se trata de movimientos que surgieron en el fogoneo de los piquetes en epocas complicadas y que progresivamente fueron sumando fuerza, se consolidaron y a esta altura ya revisten institucionalidad. Reciben subsidios. Manejan caja estatal. A la par de cada problema que el Ejecutivo no puede resolver, han sido sumando. En tanto, la relación entre los salarios y el costo de la vida sigue yendo a pérdida.