El enano señaló el cielo y gritó: “¡El avión! ¡El avión!”. Pero no era el avión de la Isla de la Fantasía, era un avión yanqui, doble pechuga, de esos que suelen llevar hasta portaaviones en su interior. La aeronave aterrizó en el aeropuerto de Ezeiza y aparecieron dos yanquis de uniformes. “Oiga, mister, ¿that is Brasil?”, preguntó uno. “No, troesma, esto es Argentina”, dijo el agente aduanero argentino. “Y, bueno, ¿acaso no is it Argentina, la city capital of de Brasil?”, interrogó el extranjero.
“Je, je, qué very good chiste, je, je. Mire, jefe, muy gracioso lo suyo, pero me van abriendo los bultos que traen, que somos de la Aduana y tenemos que controlar”, inquirió el efectivo. Al soldado yanqui se le borró la sonrisa y dijo que no hacía falta, que los bultos contenían hamburguesas, pop corn, naricitas de Pach Adams, películas de Disney, CD de Madonna, caretas de monstruos para Halloween, manteca de cacahuete y rosquillas de los Simpson. El inspector de Aduana insistió: “Ábranlos de todos modos”. Así lo hicieron y ¡oh, sorpresa! “Oiga, gringo, acá hay armas, y equipos de comunicaciones, software, hardware y drogas”, reclamó el funcionario.
“¡Eh! ¡No me diga, mister! ¡Wath macana! ¿Who las habrá puesto here?”, manifestó el estadounidense. Llamadas y orden de la Rosada: se incauta todo el material hallado. Inicio del conflicto, Estados Unidos se manifestó perplejo y preocupado por el incidente. “Nos preocupa que haya sido manejado de esta manera”, dijeron. Y, claro, loco, cómo no los va a preocupar si están acostumbrados a hacer lo que se les canta en cualquier parte del mundo, si se pasan las leyes de los países por el ass, si pueden meter ejércitos enteros en los países que elijan, mirá si no van a extrañarse porque les pararon una carga de avión en Argentina.
Ellos dijeron que el material estaba afectado al curso sobre recuperación de rehenes que venían a dar los yanquis al Grupo Especial de Operaciones Federales en Buenos Aires. Entonces, el incidente tiene dos facetas para ser tenidas en cuenta, primero: que los yanquis van a tener que cumplir las leyes argentinas si quieren ingresar personal y material al país. Bien. Y segundo: ¿Qué cuernos tenemos que ir a pedirles a los yanquis que vengan a darnos cursos sobre recuperación de rehenes cuando ellos no pueden controlar las matanzas descontroladas de gente que se producen en sus espacios públicos? Bien por un lado (el de la defensa de la soberanía), mal por otro lado (por pedirle ayuda a quien sólo está dispuesto a ayudarse a sí mismo). Empatamos: uno a uno.
