Es feo que lo echen a uno de cualquier lado. Nos sentimos heridos en nuestra autoestima y la bronca se nos sube desde la suela de la indignación. En el trabajo, son aportes ineludibles a los psicólogos que tratan de restaurar lo que el despido destruyó. Pero también ocurren los despidos en la política, y eso es muy notable, sobre todo, cuando incluye a algún personaje renombrado. Decimos: “Me rajaron, me tacharon de la lista”. Es lo que ocurrió hace pocos días con nuestro actual gobernador, Julio Cesar Cleto Cobos.
El Partido Radical, que ha sido varias veces partido en su historia, expulsó de su padrón de afiliados al Cleto y lo hizo de por vida, así que si el Julito quiere volver a ser radical, va a tener que nacer de nuevo, cosa nada fácil. La medida es por imponer la ruptura del partido al irse detrás de Kirchner y al aceptar la candidatura a vicepresidente del oficialismo. No van a comparar un cargo como el de vicepresidente con una ficha de afiliación, no son de la misma categoría. Pero está la ética partidaria, dicen algunos, que ha sido mancillada.
A la ética partidaria hay tantos que se la pasan por el dorso que deberían echar del partido hasta a los que son los encargados de echar del partido. Ahora Cobos humor > es kirchnerista de por vida, dijo el presidente del radicalismo nacional, el jujeño Gerardo Morales. ¿Habrá querido decir peronista, porque uno cree, al menos cree, que Kirchner es peronista? Pero Morales, quien siempre se preocupó por las cuestiones morales, dijo que Cobos tuvo una actitud indigna al arrodillarse ante las presiones de un gobierno hegemónico y corrupto.
“Yo sólo me arrodillo cuando rezo”, habrá pensado el Cleto, y dijo: “Es el precio que pago por construir una alternativa. Así que el Cleto ya no es más radical y la Concertación se desradicalizó. Por su parte el pueblo sigue sin entender bien todo lo que pasa. Hay que reconocer que en este asunto, la confusión está bastante clara.
