Dos frases desafortunadas de la presidenta en los últimos días. Sabemos que a Cristina le gusta hablar y debemos reconocer que lo hace muy bien, a veces parece no decir mucho, pero su discurso tiene asidero, sus palabras no son plumitas al viento. Pues debería saber que ninguna de sus frases pasa desapercibida en el país. Comparó, hace días atrás, se comparó, con Dorrego, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1827. Dorrego era federal hasta el mango, partidario de los pobres, inclinado a que el pueblerío designara su propio Gobierno. Claro, era la época de las luchas fraticidas en nuestro país y sus enemigos eran muchos. Los unitarios, fundamentalmente.

    Lavalle, que había sido su compañero de armas y su amigo, se levantó contra Dorrego y lo derrocó, lo persiguió y lo fusiló. Sin ningún tipo de contemplaciones. Algunos creen ver en esta acción el inicio de tantos años de desencuentros entre argentinos en el siglo XIX. Pues, Cristina dijo que lo que le estaba pasando a ella era como un fusilamiento mediático, y comparó ese fusilamiento con el de Dorrego. Che, Cris. Por más presidenta que sea, deje usted en paz a los próceres, que por lo menos en la época de Dorrego Clarín no existía. Posteriormente, el jueves dijo, en torno al conflicto por la televisación del fútbol: “Te secuestran los goles hasta el domingo, como te secuestran las imágenes y las palabras. Como secuestraron a 30 mil argentinos. No quiero más una sociedad de secuestros, quiero una sociedad cada día más libre”. Y fueron varios los que pusieron el grito en el cielo por mezclar algo tan delicado como el genocidio de las dictaduras con el hecho de meter una pelota adentro de un arco.

    Me parece que al menos deberían haberle cobrado off side. Son varios los que saltaron con cierto dejo de indignación por las palabras de nuestra presidenta, y seguramente sus decires seguirán despertando opiniones encontradas. Ocurre que cuando se ejerce el máximo cargo que ostenta una Nación, lo que diga la persona que lo ocupa, todo lo que diga, es un mensaje a la población, una forma de descubrir su pensamiento. Un poquitito más de cuidado, che, porque pueden terminar comparando a Cristo con Grondona. Vamos.