La bicicleta es un adminículo antiquísimo y, sin embargo, recientísimo.No pasa el tiempo para ella y sigue soportando nuestras anatomías con estoicismo. Muchas expresiones tienen que ver con la bicicleta. La más común es “nos están bicicleteando” o “nos están haciendo la bicicleta”, que de alguna manera significa que nos están engañando en algo. La expresión “hay que pedalear mucho” está implicando el esfuerzo que el tipo tiene que hacer para conseguir su propósito. “Poner palos en la rueda” quiere decir que nos hacen difícil el avanzar, que nos quieren detener en nuestro camino.

    La bicicleta hasta ha tenido expresiones poéticas magníficas como la Bicicleta con alas de José Pedroni, y la Bicicleta blanca, una obra magnífica de Piazzolla y Ferrer. A tal punto nos atañe la bicicleta que el ícono máximo de la alegría de los pibes es Piñón Fijo. Pues bien, en los juegos olímpicos muy pocos argentinos tenían esperanza en la bicicleta. Ni se los nombraba en los cálculos previos. Pero aparecieron ellos, Juan Curuchet y Walter Pérez, y nos dieron el primer oro olímpico de los juegos.

    Así, calladitos, sin alharacas, sin grandes notas en los medios, fueron, corrieron y se subieron a lo más alto del podio. Por primera vez en el ciclismo, la bandera argentina sube hasta la cumbre del mástil olímpico.No es poca cosa. Pero quiero detenerme en un ejemplo de constancia, porque en él hay una enseñanza: Juan Curuchet. Tiene 43 años. Una edad a la que otros ciclistas ya están andando en bici los domingos y para pasear un rato.

    Sin embargo, él no le aflojó. Era su sexta participación en este tipo de competencias y jamás había logrado una medalla. Estuvo en los Juegos de Los Ángeles, Seúl, Atlanta, Sydney y Atenas. Su primera participación fue en 1984, y durante 24 años mantuvo la ilusión del podio. Él sabía que podía, a lo mejor sólo él se lo creía, y lo demostró. Pudo, se subió a la cima del mundo con su bicicleta con alas, con su bicicleta con cielo.

    Un homenaje a la constancia, a la lucha, al sacrificio y a la confianza en sus propias fuerzas. La medalla nos hace bien a todos los argentinos pero mejor nos hace saber que hay tipos con esta sustancia de vida entre nosotros. Pedalee, Juan, pedalee… No deje nunca de pedalear. Que la historia viene detrás. Usted le ganó a la historia.