La pandemia del nuevo coronavirus juega a la ruleta con los funcionarios que gobiernan y sobre quienes recae la toma de decisiones que terminan por modificar la vida de las personas. En algún momento la sartén por el mango fue sostenida por los infectólogos y epidemiólogos que, con sus previsiones y explicaciones varias que aventuraron y aventuran en los medios sobre los movimientos y desplazamientos de un virus desconocido, lograron ocupar un lugar de absoluto privilegio. Se trasformaron en los gurúes del momento para aquellos de birome urgente para firmar decretos, resoluciones y órdenes de confinamiento. Hoy, ese espacio, el de las elucubraciones determinantes y sentencias admonitorias, al menos en Mendoza parece haber cambiado de mano como la falsa moneda, y mutado para pasar al de las especulaciones de marcado tinte político.
¿Qué fue lo que ocurrió en Mendoza entre el martes y el jueves al mediodía como para que el temor y recaudo extremo que dejó trascender el gobierno por el aumento de contagios, al punto de cobrar cuerpo la posibilidad de volver a una fase del tipo 3 de la cuarentena, con restricciones fuertes, se haya transformado en la nada misma, en el anuncio de que todo continuaría como estaba aunque, eso sí, sin promociones turísticas cuando, hay que decirlo también, el sector tenía todo o casi todo vendido para el fin de semana? Bueno, apareció en escena la especulación oficial y algo o bastante del uso político de la situación.
Luego de los 44 casos del martes, el gobernador Rodolfo Suarez se convenció de que había que volver atrás. Fue él quien propuso, en la reunión con sus ministros y algunos intendentes, suspender las reuniones familiares de los fines de semana, el turismo interno y volver al esquema de salidas recreativas de no más de 500 metros del domicilio. Los intendentes acompañaron. Es más, ya había ingresado el pedido del intendente de Lavalle Roberto Righi para que se prohibiera en su departamento todo, esto es turismo, comercio, juntadas. Algo parecido estaba reclamando Juan Manuel Ojeda desde Malargüe, con el agregado de que este intendente dijo sentirse presionado por los vecinos que días antes habían caravaneado por las calles del centro a pura bocina pidiendo cerrar la comuna a los potenciales infectados provenientes del norte provincial.
Las reuniones con los caciques provinciales se sucedieron entre el martes, cuando ya se conocía el número de 44 contagios, y el miércoles, antes de los 16 informados. Ayer, Suarez reunió a la gente de Salud y al mediodía ordenó hacer la conferencia de prensa. Durante la mañana, los intendentes del oficialismo oficiaron de voceros de lo que, a esa altura, ya era una fija: que Mendoza retrocedería varios casilleros para internarse otra vez en las fauces de un distanciamiento social más estricto, casi aislamiento con mucho aroma a nuevo confinamiento. Marcelino Iglesias, Daniel Orozco, Ulpiano Suarez y Tadeo García Zalazar fueron los intendentes oficialistas que adelantaron por las radios lo que ya todos esperaban con resignación.
Pero, antes de la conferencia de prensa, Suarez organizó una ronda final con algunos intendentes para estar seguro de lo que se anunciaría. Aquella ronda de declaraciones de los propios intendentes por los medios, no había tenido la repercusión en los oyentes de las radios que ellos habían imaginado de antemano, dijeron más tarde para explicar por qué no se habían anunciado los cambios a la cuarentena que se habían dispuesto y, además, dejado trascender. Que no conviene, que hay que insistir con la responsabilidad social e individual, que démonos una chance más, que con los cinco casos que tenemos en Terapia Intensiva el sistema de salud está holgado, fueron las conclusiones de última hora a las que llegaron el gobernador y los intendentes oficialistas.
Y así fue que se dispuso salir a anunciar la nada misma, con la clara intención de usar políticamente la ratificación de las flexibilizaciones que se tenían hasta el momento, sin cambios, y sólo con la para nada ingenua ni inocente aceptación sin más de los pedidos de cierre casi total que había solicitado para su departamento el lavallino y peronista Righi.
No faltaron aquellos que tomaron la conferencia de prensa como una suerte de burla hacia la comuna de Righi. No se sabrá nunca si ese objetivo, el de mofarse, fue buscado intencionalmente. Pero sí parece haber hecho su presentación, por primera vez en medio de la pandemia y de la cuarentena, la búsqueda de una diferenciación política con el peronismo que gobierna cinco comunas y desde donde se ha buscado, persistentemente, una mano más firme en la provincia, que vaya en la línea de la presidencia de Alberto Fernández, quien no se ha cansado de argumentar que para él está la salud antes que la economía. Allí, en ese siempre falso dilema que se planteó con mucha carga ideológica, entre salud y economía, habría que buscar en parte como explicación a lo que se anunció ayer por parte del gobierno de Suarez y mostrar, desde ahora, una respuesta más equilibrada: “Es cierto, tenemos circulación del virus, los casos van a aumentar, pero tenemos que proteger, además, lo poco que queda en pie de la economía provincial, para evitar que el desastre sea mayor de lo que ya es”, explicaron desde el cuarto piso de Barrio Cívico. Y así, todo parece indicarlo, comienza otra novela en medio de la cuarentena eterna, la cuarentena inteligente y el equilibrio.
