Motivate: quedá con alguien para correr. Si te están esperando, no te podrás echar atrás. Los grupos de entrenamiento o las tiradas largas entre un par de amigos son ideales. Tampoco se trata de llegar al límite. Si corrés solo, podés auto-convencerte de que podés volver a los cinco minutos si hace muchísimo frío, aunque una vez fuera es muy difícil que lo hagás. Y benefíciate del paisaje, hay a quien le encanta salir a correr bajo una fina capa de lluvia o justo después de una nevada.

Pies calientes: si querés mantener los pies calientes y secos, asegurate de que son suficientemente impermeables. Mucho mejor si son de Gore-Tex. Las medias son también importantes, deben expulsar el sudor y mantenerte caliente. Hay buenos modelos para el frío invierno.

Capas de ropa: el objetivo es permanecer caliente sin sudar, para evitar tomar un resfriado. El consejo de la abuela nos dice que deberíamos salir a correr vestidos como si el termómetro marcara 10ºC más. La sensación inicial, ligeramente fresco. Utilizá prendas de material técnico, que expulsan el sudor, con cremalleras en brazos y cuello para ventilar a medida que te calentás, por descontado, suponemos que llevás gorro y guantes.

Calentá antes de salir: movete un poco en casa para activar la circulación sin llegar a sudar. Subí y bajá las escaleras, hacé sentadillas y flexiones de brazos, o algún otro ejercicio de gimnasia. Y, si quedás con alguien, no te quedes parado a la intemperie mientras llega. Esperá en el auto hasta que estén todos, si no te quedarás frío.

¡Ya no tenés excusas!