Me gusta el del brote, el del retoño en todo caso, como para darle explicación a lo que ocurre con nuestro canto esencial. Porque entiendo al cogollo como un desprendimiento florido del árbol de la tonada, parecerá una contradicción, pero una forma distinta de seguir diciendo lo mismo. El cogollo habita el patio del fondo de la tonada y casi es corolario y casi moraleja. Sabe el cuyano que escucha que invariablemente el canto habrá de resolverse en cogollo y que existen muchas posibilidades de que sea nombrado y entonces aguarda el final con expectativas y algún vaso de vino cercano previendo que deba pagar el homenaje. No es una simpleza el cogollo, junto con él va envuelta toda la tonada y no todos los días se recibe de regalo una canción. Sus contenidos son variables, puede que hable del amor, la dueña de casa es segura destinataria de algunos, la amistad es sin dudas la que es atendida con mayor esmero. Es casi un bautismo, el cogollo, porque con el diploma de cogollo uno se recibe de compadre, empieza a ser un cachito más que amigo. Pero no es gratuito, debe pagarse el cogollo, y la moneda es el vino. A veces me pregunto cómo hacen los cantores para aguantar sin entrar en situación de beodez, tantos pagos que les hacen en una noche de tonada. A veces sólo con mirarlos me mareo. Cuando el cogollo no tiene nombre y apellido, el cogollo es de todos: todos los presentes vivan / todos los presentes vivan / ojalá yo encuentre el modo / de agrandar estos dos brazos / para abrazarlos a todos. Entonces, el aplauso se hace multitudinario y el escenario se puebla de un público copado con el canto y copado de vino. ¡Linda mezcla sucede! Canto, amistad y vino. Casi que uno no puede pedirle nada más a la vida. Sería bueno que en el Festival de la Tonada, la casa de nuestro canto mayor, se hiciera todos los años un concurso de tonadas, para que vengan las creaciones nuevas a sumarse a las ya existentes y la tonada tenga una noble descendencia. Sería bueno, también, que a aquellos artistas consagrados que vienen a participar del festival, se les exija por contrato, que al menos incluyan una tonada en su repertorio. Porque estamos hablando de la tonada, la canción que identifica a Cuyo y no es canto menor. Y, entonces, que venga el cogollo a dedicarse, que se multipliquen los compadres, y que el vino inigualable de este país de los brindis sea un enorme cogollo cada noche. Que vivan los mendocinos, que mi cogollo reclama, ustedes son los que alientan mi sol da cada mañana. Con la tonada dichosa me bebo a toda Mendoza. Chau, se la sigo mañana.
Cogollo
Me gusta el del brote, el del retoño
en todo caso, como para darle
explicación a lo que ocurre con
nuestro canto esencial
