El médico se la pasaba diciendo a cada rato: “Diga 33, diga 33, diga 33”, hasta que el crupier se cansó y lo echó del Casino. Las Vegas está en Mendoza, pero, claro, nada tiene que ver con Las Vegas de Estados Unidos, que es como el emporio mundial de la timba. Casino es una palabra que viene del italiano y es un diminutivo de casa. Una construcción pequeña y elegante que en ese idioma tomó el sentido de burdel.Timba en cambio viene del castellano y es un lance en el juego de monte de los naipes. Muchas veces hemos escuchado decir: “Este país es una timba”.
Referencia a que acá ganan los apostadores, los jugadores, los que saben tutearse con la suerte, los aventureros. Pero, la realidad del juego es muy distinta. En los casinos es común, general, extendido, que el jugador, a la larga, pierda. No conozco un casino que dé pérdidas en el mundo, por el contrario sé de casinos que dan ganancias millonarias, y eso significa que el grueso de la gente perdió. Últimamente se ha dado como una moda casinera en Mendoza.
El casino provincial, que en una época estuvo al borde de desaparecer, se levantó de sus casi cenizas y volvió al esplendor de sus mejores momentos y no sólo eso, abrió sucursales en muchos lugares de la provincia. Los casinos privados también tuvieron su auge, al del Hyatt se le suma el de San Rafael y ahora el del Sheraton próximo a inaugurar. Esto es un desparramo de casinos y la cosa tiene su lado bueno en el divertimento pero también tiene sus lados nocivos, la dependencia del juego, las deudas contraídas, la obstinación de ganar, la ilusión de vivir amparado en la diosa fortuna.
Hay, inclusive, viciosos obsesionados que necesitan tratamiento especial para escapar de esas dependencias. Hay quien quiere ponerle un basta al asunto y me parece bien, si no, esta provincia va a dejar de ser del buen sol y del buen vino para ser de la timba y del buen vino. Adentro de los casinos no hay sol. El de la Provincia, al menos, vuelca sus ganancias en nuestra comunidad, fomenta planes de estudio, de salud, etc, pero los otros guardan sus recaudaciones en los bolsillos, de por sí llenos, de los empresarios que son dueños de esos casinos. La cosa no es igual.Hay gente que quiere ponerle un tope a la expansión de las casas de juego, las casitas, los casinos, y no me parece mal porque esto puede transformarse en una ruleta, pero rusa.
