Frente al problema del cambio climático y con la idea de buscar propuestas amigables con el medio ambiente, en Mendoza se están desarrollando diferentes construcciones sustentables para lograr mayor eficiencia energética, de recursos y de impacto ecológico.

Según indicó la arquitecta Marta Ontanilla, al frente del Instituto Provincial de la Vivienda, “los costos de construcción son similares con los diferentes métodos, pero varían los tiempos de ejecución de las obras y el ahorro energético que se logra”.

Mientras que la construcción tradicional utiliza materiales como el ladrillo y el hormigón armado; la alternativa implica diferentes recursos desde elementos industrializados hasta aquellos que provienen de la naturaleza como arena, arcilla y paja, entre otros. También, mezcla técnicas para que las viviendas sean antisísmicas y cumplan con los códigos de construcción.

“El metro cuadrado cuesta $35mil para la construcción tradicional, de acuerdo al Colegio de Arquitectos. Es lo mismo que se está cobrando para la alternativa. Es decir, unos $3 millones y medio los 100 metros cuadrados”, detalló el arquitecto Leandro Vélez al frente de Bioma, estudio especializado en arquitectura bioclimática y en tierra cruda y que han levantado más de 50 casas.

En tanto, aclaró que cuando se trata de viviendas que son realizadas a través del cooperativismo los costos se reducen un 35%.

En este sentido, el arquitecto Tobias Crespo explicó que actualmente “somos varios profesionales que estamos desarrollando nuevas formas de construir, combinando conocimientos empíricos con aquéllos de formación académica del arte de construir con la incorporación de normas a la construcción. El tema ‘antisísmico’ en la construcción natural todavía está en discusión en Mendoza, y desde los códigos constructivos en la mayoría de los municipios no hay acuerdo o bien no está permitida la construcción natural”, dijo.

Al igual que Leandro, Tobias fabricó su propio hogar, lo hizo a base de tierra en El Challao. Explicó que la edificación natural puede ser tan sismoresistente como duradera en el tiempo, respetando, ante todo, las normas.

“Se puede calcular su estructura, la cual puede ser portante (muros que sostienen los techos) o independiente (muros que sólo son envolventes) en este caso se calcula la estructura aparte”, dijo.

Confort térmico y ahorro energético

El ingeniero Pablo Scherbovsky, presidente de Gardens Plaza, señaló que “el nicho para las edificaciones sustentables es corto” y afirmó que la gente busca sólo “precio y financiación” a la hora de comprar una casa.

Comentó que, a escala industrial, “todo el tiempo están surgiendo materiales o sistemas para hacer construcciones eficientes como el termopanel o el steel framing”, pero lo cierto es que no hay estudios concretos que avalen que alguno produzca mayor ahorro energético que otro.

“Estamos utilizando un ladrillo hecho en Mendoza que tienen 3 agujeros que crean una cámara de aire con el objeto de lograr mayor aislación térmica. En teoría debería ofrecer mayor confort a la vivienda”, dijo Scherbovsky y comentó que en su desarrollo inmobiliario no promocionan esto hasta que se hagan los ensayos con un ingeniero térmico que ofrezca datos concretos.

Más allá de esto, Vélez afirmó que es cierto que Mendoza debe salir del cascarón y sumarse a estas técnicas. Sus clientes son, sobre todo, extranjeros que se han instalado en la provincia.

Sin embargo, destacó que las viviendas son marcadamente más frescas en verano y en invierno más confortables como las creadas bajo la técnica de quincha (una mezcla de arcillas y arenas mezclados con fibras, que pueden ser pastos, totoras o junquillos).

“La construcción con tierra es, a mi entender, la que mayor confort térmico otorga a las personas. No se trata solamente de temperaturas sino de regulaciones de humedad en el aire. Por ejemplo, podés estar usando un aire acondicionado a 21ºC y no estar con sensación de confort, esto es, porque probablemente los niveles de humedad en el ambiente sean bajísimos y eso hace transpirar a las personas en forma involuntaria, produciendo ni más ni menos que un resfrío”, recalcó Crespo.

Y sentenció: “La tierra tiene la facultad de retener temperaturas altas en invierno y frescura en verano, esto se debe a la buena inercia térmica que posee, ya que su temperatura es la equivalente a la media anual. Para lugares como Mendoza, donde la variación térmica en un día entre la máxima y la mínima puede ser de 25ºC y en invierno temperaturas bajo cero y en verano días de más de 40ºC, una casa con tierra viene a ser ideal porque siempre va a estar en un rango intermedio”.

Viviendas sociales

El IPV creó un laboratorio para construir viviendas sustentables desde lo ambiental y lo económico. Se trata de un espacio interdisciplinario que permita evaluar nuevas prácticas y adaptar las edificaciones a las necesidades de sus habitantes.

“El objetivo es reducir los tiempos de ejecución de las obras del Mendoza Construye que eran de 7 a 8 meses”, dijo Ontanilla y comentó que se ha avanzado en la entrega de viviendas con techo hechos con placas de termopanel, lo que implica disminuir en casi 5 grados la temperatura interna.

Si bien es una acción puntual, el objetivo es avanzar en otros componentes de la vivienda que la hagan cada día más sustentable.

En este sentido, destacó el ejemplo de la municipalidad de Junín que ya lleva realizadas 20 casas con ladrillos PET. Para cada una se necesitó cerca de tres toneladas de material plástico, provenientes de botellas.

Mauricio Ramírez, director de Vivienda de la comuna, comentó que los inmuebles cuesta $1.100.000, mientras que las fabricadas en material tradicional tienen un valor de $1.200.000. “La diferencia no es mucha pero la reducción del impacto ambiental que logramos es lo significativo”, dijo.

Cuentan con 56 m2 cubiertos y tiene una cocina comedor, dos dormitorios, baño, calefón solar, luz eléctrica y agua potable. Están adaptadas a la geografía, clima y sismología local.