Me remito al diccionario: Atender: acoger favorablemente, o satisfacer un deseo, un ruego, o un mandato. En todas las palabras usadas por el mataburros para tal definición no hay una sola desagradable. Entonces uno no entiende por qué hay comerciantes que atienden con cara de poto, como si el que entrara no entrara a hacerles un beneficio, sino a molestarlos. Viene el cliente y su saludo es contestado con una especie de gruñido hostil, y el tipo pregunta (es su derecho), y observa, y vuelve a preguntar, y recibe monosílabos por respuesta.

    Hay una propaganda muy difundida que va en contra de aquellos que están mirando. Mirar, observar, comparar, elegir son derechos que tiene todo comprador. Y no hay cordialidad en aquellos que ofrecen. Porque usted, comerciante, está ofreciendo, está tratando de seducir con sus productos a aquellos que buscan productos como el suyo, y en esa seducción, el buen trato es un condimento indispensable, no importa si el que entró, entró a ver o a comprarle todo el negocio. Su actitud debe ser de agradecimiento, su actitud debe ser de servicio y para eso bien vale una sonrisa.

    Hay muchos comerciantes en nuestra ciudad que atienden como si vender fuera un favor que le están haciendo al prójimo. Es al revés, el prójimo les está haciendo el favor de comprarles. Ayer un turista me dijo: –Entré a comprarme un cinturón y me compré un disgusto. Que atiendan los que tienen que atender.