La soledad es el mayor desafío que deben enfrentar los adultos mayores durante el aislamiento obligatorio que, por ahora, se extenderá hasta el 10 de mayo. Los especialistas recomiendan la comunicación como una de las herramientas para que no caigan en depresión.

“No son ni niños ni adolescentes sino personas con sus vidas resueltas que se rehúsan a modificarlas”, explicó Isolinda Dabove, investigadora del Conicet.

“Los adultos mayores juegan un rol predominante en este confinamiento obligatorio y ese protagonismo lo deben asumir mediante la comunicación. No deben esperar que sus hijos, nietos o quien fuera los llame para saber cómo están, son ellos los que deben tomar el teléfono y actuar. Hoy más que nunca deben entrar en un rol activo y dejar la pasividad de lado”, expresó Dabove que también se destaca en Derecho de la vejez.

Distintos estadíos de la soledad en los ancianos

La profesional explicó que existen tres grupos de ancianos y que todos, en mayor o menor medida, enfrentan el miedo a la soledad o a la depresión. El primero de ellos congrega a la mayor cantidad de ancianos, más del 50% de la población adulta mayor del país, es el constituído por hombres y mujeres autónomos.

“Son personas que no dependen de un tercero para vivir, por lo general tienen su propia casa y viven de su jubilación o pensión. Acá no padecen tanto la soledad por su grado de independencia, en cambio sí necesitan su libertad”, aseguró.

Luego están los que sí necesariamente dependen de un tercero por su condición física y son, según la especialista, los que más sufren la soledad ya que hoy no tienen esa compañía diaria a la que estaban acostumbrados para su desempeño.

“Es el grupo en el que más hay que enfocarse, por los perjuicios que puede ocasionarle el aislamiento tanto para su mente como para su estado físico”, aseveró.

Finalmente están los que se encuentran internados en un geriátrico o residencia gerontológica que, de acuerdo con Dabove, son los que más protección deberían tener y no ocurre.

“Por ello, la importancia de los controles, tanto a los que están habilitados como a los que no lo están. Las auditorías no se deben hacer mediante un llamado telefónico sino a través de una inspección presencial”, resaltó luego de lo ocurrido en los últimos días en los geriátricos porteños.

Frente a este panorama, la profesional pone el énfasis en la necesidad de la comunicación para salvar a los adultos mayores del confinamiento.

“De nada sirve protegerlos de la pandemia y no ocuparse de otra grave enfermedad como es la depresión. Son los mismos ancianos los que tienen que lograr insertarse en esta realidad mediante diferentes actividades. Más del 30% de ancianos no sabe usar la tecnología, pues es un buen momento para aprender mediante tutoriales”, expresó.

La cuarentena, en primera persona

Mabel y Ana tienen 66 y 74 años, respectivamente, son dos vecinas que residen en un complejo de Dorrego y decidieron compartir la cuarentena en una misma casa.

“Enviudé hace varios años y no soporto la soledad, por lo que esta situación de la cuarentena me está haciendo muy mal realmente”, comentó Mabel, que es abogada retirada.

La mujer confesó que, si bien con Ana compartían varias horas al día, el confinamiento hizo que estuvieran todo el día juntas.

“Nuestras casas están pegadas, pero Ana desayuna, almuerza, merienda, cena y duerme acá, sólo va a su departamento a higienizarse y a lavar su ropa. Estamos todo el tiempo juntas y eso me permite estar mejor y acompañada”, contó Mabel.

La abogada tiene un hijo y es lo que más extraña. “Si bien nos hablamos todos los días extraño su presencia, nos veíamos casi siempre, incluso, los domingos almorzaba con su novia en casa. Su ausencia es un gran dolor, me genera tristeza”, dijo.

Sobre el uso de la tecnología, Mabel confesó que no se lleva ni se llevará: “No la sé usar ni creo que ya vaya a aprender. Hablo con mi hijo y mi familia mediante el celular, pero sólo eso. Mi jubilación la cobro por ventanilla porque no se usar el cajero”, comentó.

La cuarentena aún no tiene fecha de finalización, sin embargo, la mujer ya tiene planificado qué hará cuando esto pase: “Voy a agarrar mi camioneta y voy a ir a ver a mi hijo. Esa será mi primera salida”.

El caso de Ana es diferente ya que ella dice tener experiencia con la soledad. Perdió a sus seres queridos de grande y pasó mucho tiempo viviendo sola, por lo que el confinamiento no le ha afectado tanto, aunque sí asegura que le gustaría ser libre y no rendirle cuentas a nadie.

“Nuestros días son todos iguales, nos levantamos muy temprano, oramos, hacemos los quehaceres domésticos, vemos noticieros y nos acostamos. La rutina siempre es igual. Lo que más agradezco es que estamos acompañadas con Mabel, sino sería más doloroso”, comentó.

Con la tecnología tampoco tiene relación más que llamar por celular y tampoco tiene intenciones de aprender. Y sobre lo que hará cuando esto pase, Ana dijo sonriente y ya con el plan en mente: “Salir y ser libre. Necesito volver a estar en libertad”.