Hay millones de niños que no tienen educación. Esto es un escándalo. ¿Dirán eso? A uno le parece que no, que tocan estos temas tangencialmente, porque su gran preocupación es el difícil momento que están pasando las economías de los grandes pulpos del mundo y los demás que se las arreglen como puedan. Bueno, siempre se las han arreglado como pueden, o sea no se las han arreglado. Los millones van y vienen en las conversaciones de los capos del mundo, pero son los millones de los pudientes los que los preocupan, no los millones de los que no tienen un mango.
El Vaticano sacó un comunicado después de la reciente reunión de los veinte, adonde nuestra presidenta llegó tarde porque estaba buscando una cartera que le hiciera juego con el trajecito. El Vaticano fue duro. Dijo que los responsables participantes en la reunión de los 20 expresaron su propia satisfacción por el resultado de la negociación –escribe el diario de la Santa Sede– y, sin embargo, en el comunicado final no aparece ninguna referencia a los países más pobres, los que verdaderamente están en el ojo del ciclón de la crisis, vejados por el aumento de los precios de las materias primas.
Pero ni una referencia, como si dijeran: miren, en esta reunión les vamos a dar importancia a los que verdaderamente importamos, ya haremos otra reunión para ocuparnos de los que poco o nada importan. El crack financiero internacional los ha asustado mucho, todavía están asustados, y ni ellos saben en qué puede terminar este asunto. Pero en el Arca de Noé que están preparando no van a entrar todos los animales, sino los que puedan pagarse el pasaje en clase VIP y las sanguijuelas que habitualmente los acompañan. Y si no hay botes salvavidas, que se salven primero los ricos, como ocurrió con el Titanic. Que la orquesta siga tocando.
