Están atendiendo hasta cinco personas por turno. Porque, en esta época, el aire de Mendoza que está constituido habitualmente por cuarenta por ciento de aire y sesenta por ciento de smog, también le hace lugar a algunas partículas, como restos de viento Zonda en suspensión, polvo, ácaros, que son unas arañitas microscópicas más molestas que culillo del vecino, polen, y algunas pelusitas de los árboles que nos rodean. Es decir, el aire está algo sucio y uno no va a andar fijándose dónde hay aire limpio para respirar. Uno respira al boleo, chapa el pedazo de aire que encuentre más a nazo y se lo manda para adentro, sin pedirle identificación. Entonces, todo lo nombrado anteriormente va a poblar nuestro interior y produce daño. Por ejemplo, produce picazón de la garganta que uno se rasca con la tos. Por ejemplo, produce estornudos. Un estornudo es alergia en aerosol. Es una expiración violenta que hace que los que estén cerca de la expiración digan en el colmo de la creatividad: ¡Salud! O sea, es un brindis nasal. Los estornudos suelen ser frecuentes a veces, como una ametralladora de estornudos que el tipo ejecuta sin miramientos. Digo sin miramientos porque es jodido estornudar con los ojos abiertos. El estornudo es un lenguaje universal. No hace falta saber idioma para darse cuenta de que un japonés está estornudando, por ejemplo. La onomatopeya que usamos para describir un estornudo es ¡atchís! Yo me fijé en mis amigos cuando estornudan y ninguno dice ¡atchís!, más bien dicen ¡guaaajaj! o ¡strudenden! o ¡achuchajaaaaj! Y con el estornudo vienen los mocos, que es un producto humano que sale de nosotros como el pichí, o las lágrimas y al que todavía no se le ha encontrado uso industrial. Todo esto produce el aire de la primavera en muchos mendocinos, que ahora están pidiendo turno a los alergistas para seguir estornudando, pero medicados. Hablando de medicamentos, una vez, la Milka Durand, que a veces hace de Lechiguana, me dio este remedio: medio litro de barro de vertiente andina, al que se le echan seis hojas de ortiga, grasa de carro a gusto, diez gramos de pimienta negra, dos bolitas de paraíso y un chorrito de resina de tilo. Se lo revuelve bien con un cucharón de acero de madera, se lo calienta a baño maría durante dos horas, se lo deja enfriar y se lo tira, no va a andar tomando esa güevada.