El camino que nos une a Chile, o que los une a ellos con nosotros, es de una importancia fundamental. Punto de contacto entre los dos países, el paso más utilizado para acceder a los dos países y, por lo tanto, el tránsito que debe bancarse el pavimento, ahí donde el pavimento existe, es realmente intenso. Cuando uno tiene que hacer este tipo de viajes piensa en los inconvenientes que le ha de traer semejante aventura y lo primero que piensa es: la demora en la aduana.

    Pues bien, la semana pasada se juntaron más de mil camiones en la Aduana de Horcones por este problema, a modo de protesta, porque las demoras que tienen que soportar para poder seguir el viaje son infames, horas y horas de espera, y lo mismo les ocurre a muchos transportistas que no llevan y traen productos sino que llevan y traen personas como ocurre, aunque con más autoritarismo, en la aduana chilena de Libertadores. Esperas tan grandes que algunos pasajeros han decidido quedarse a vivir en el lugar porque piensan que no tienen otra posibilidad, algunos que se hartan de ver tanta cordillera y dicen: “Yo por aquí no vuelvo más ni aunque me inviten a subir el Aconcagua en ascensor”. El trámite no puede durar más de una hora y, eso, agregándole algunos minutos como para abultar un poco el asunto.

    Pero no puede durar tres, cuatro o cinco. Hasta ocho horas han tenido que esperar algunos. No puede ser. Estamos hablando de un paso crucial para el tránsito del Miercosur y, así, el Miercosur se atrasa, che, inevitablemente se atrasa. ¿No hay una forma de implementar un control que sea efectivo y a la vez rápido? ¿No sería conveniente reducir todo a una aduana única y que el papelerío se resuelva de una única vez? ¿No sería hasta más económico que el sistema de recepción tuviera la cantidad de empleados necesarios para que nadie tenga que hacer colas interminables?

    Tenemos que solucionar este problema, muchachos, porque si no, cada vez que tengamos que viajar a Chile o cada vez que un chileno quiera venir a Mendoza, va a rondar por sus cabezas la misma sensación de pesadumbre: La Aduana. Aduana proviene del árabe diwan, del que se deriva también la palabra diván. Pues nada más cierto, porque como sigan las cosas así vamos a tener que cruzar la cordillera acompañados de un psicólogo.