Cuando uno cumple años, convoca a sus amigos para festejar, le hacen regalitos (los más pobres, los pudientes se hacen los tontos), brindan, le cantan algunos cogollos desafinados en los que le auguran larga vida y éxito en sus acciones. Pues parece que la moda se ha instalado también entre los políticos y, en este caso, no hace falta que exista ningún cumpleaños. Ocurrió con Cristina cuando se produjeron los célebres cacerolazos cinco estrellas en la Plaza de Mayo.
O sea, cuando viene mal la mano, a falta de manifestaciones de apoyo espontáneas del pueblo hacia sus gobernantes, los gobernantes organizan manifestaciones de apoyo a sí mismos y ¡guay! del que me falte, porque los tacho de la lista de los subsidios. Ahora, al parecer a nuestro gobernador se le ha ocurrido lo mismo. Se llamó a una convocatoria espontánea, con invitaciones y todo, a un gran acto de apoyo a Jaque y que organizó el mismo Jaque y sus amigos.
No sé realmente para que sirven estos actos, tal vez, para que los homenajeados digan para sí: “Mirá todos los que me apoyan, todavía tengo consenso”. Pero un acto tiene dos formas de mirarse, una desde la óptica de los que van al acto (“¿Viste? Éramos un montón, yo creo que juntamos como veinte mil personas, es todo un éxito”); otra, desde la óptica de los que no van al acto. Entonces, alguien puede decir: “Juntó veinte mil personas, o sea, hubo en nuestra provincia un millón quinientos ochenta mil que no fueron”. Los números a favor empiezan a dar en contra. No sé a quién convencen este tipo de actos, solamente a los que ya están convencidos. Es como los arqueros cuando hacen una volada para atrapar la pelota, lo hacen solamente para la foto.
