Ustedes bien saben que hace años atrás, en la época en que nos gobernaba el “síganme que no los voy a defraudar”, vendimos hasta las joyas de la abuela, a decir del otro presidente, quien dijo: “La casa está en orden. Felices Pascuas”. Entre otras joyas, vendimos empresas que nos pertenecían, como Aerolíneas Argentinas, YPF, las telefónicas, y varias etceterieces más. A muchas de ellas se las vendimos a los españoles. Para ellos fue como una reconquista, lo que perdieron por las armas allá en el siglo XIX, lo recuperaron por contratos en el siglo XX. Pues bien, muchos argentinos piensan que esas empresas deberían volver a manos argentinas. Otros piensan lo contrario, pero bueno, es común entre argentinos que no pensemos lo mismo. Si no, no habría clásico Boca-River. En un acto de desprendimiento, Repsol YPF, fíjense que YPF aparece en segundo lugar, estaría dispuesta a vender 10% de sus acciones, y hay varias provincias interesadas, fundamentalmente las petroleras, quiero decir, Chubut, Santa Cruz, Neuquén y, por supuesto, Mendoza.

   Ocurre que para acceder a la parte de la compra que le corresponde Mendoza necesitaría 300 millones de pesos, y estamos hablando de una provincia que tiene un presupuesto deficitario. Pero es una buena oportunidad, a la ocasión la pintan calva, dijo Jaliff, y si uno la deja pasar, no hay Catulo ni Magoya que te den otra ocasión. Lo más indicado sería conseguir un crédito internacional pero, para eso, hacen falta dos garantes con propiedades, una boleta de servicios para certificar domicilio, y un bono de sueldo de un millón de pesos por mes. Pero habría otros métodos. Vender trescientos futbolistas a un millón de pesos cada uno, pedirle 190 pesos a cada mendocino, con la promesa estricta de que no se lo van a devolver, cambiarle a Repsol las acciones por la Plaza España o llamarlo a Chávez para que nos ayude, ya que él se lleva tan bien con los españoles. Algo debemos hacer para meternos en la onda petrolera que en estos momentos manda en el mundo. O tal vez debamos inclinar nuestra producción agrícola hacia el lado de los biocombustibles y, entonces, comenzar a plantar cepas de malbec común, cabernet sauvignon súper, y syrah Fangio. ¿Quién le dice, no?