Sergio Massa es el hombre en el que el oficialismo nacional depositó sus esperanzas de mantener el poder. Luego de muchas idas y vueltas, de pertenecer al kirchnerismo, pelearse con Cristina Kirchner y fundar el Frente Renovador y, por último, volver a aliarse con la ex mandataria, el tigrense buscará ser electo presidente este 19 de noviembre.
Massa nació en las cercanías de la Ciudad de Buenos Aires el 28 de abril de 1972, hijo del empresario de la construcción Alfonso Massa y de Lucía Cherti, ambos oriundos de Italia.
Si bien estudió abogacía, siempre estuvo vinculado a la política, y a sus 17 años comenzó a militar en la Unión de Centro Derecha (UCeDe), partido que comandaba Álvaro Alsogaray y que encarnaba las ideas del liberalismo económico. Por aquel entonces, acompañaba en caminatas barriales a Graciela Camaño, su “mentora” política.

En la UCeDe comenzó a destacarse como hábil político y alcanzó a presidir la Juventud Liberal de Buenos Aires entre los años 1994 y 1996. En esta época, se dio el primer “salto” partidario que dio Massa, cuando el sector del espacio liberal al que pertenecía se fusionó con el menemismo. Allí, comenzó a militar en su ciudad natal, bajó instrucciones del histórico dirigente Luis Barrionuevo.
Su primer trabajo en el Estado se dio en 1997, cuando se incorporó a una subsecretaría del Ministerio del Interior gracias al patrocinio de Barrionuevo, y más tarde se convirtió en asesor de Ramón “Palito” Ortega en el Ministerio de Desarrollo Social.
En el 1999, se convirtió con 27 años en diputado en provincia de Buenos Aires, bajo el símbolo del Partido Justicialista, banca que mantuvo hasta el estallido social del 2001, que terminó con la presidencia de Fernando de la Rúa.
Anses y el kirchnerismo
En el 2002, bajo el gobierno interino de Eduardo Duhalde fue designado como titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES). Allí, logró asentarse en una de las sillas más calientes de aquel entonces, debido al deterioro del sistema jubilatorio que se venía acarreando desde el último tramo del gobierno de Carlos Menem.
Su paso por Anses, donde consiguió una importante modernización del organismo, como así también importantes mejoras en los haberes, le valió ser considerado como uno de los principales actores de la renovación del peronismo.

De hecho, en el año 2005 fue electo diputado nacional, pero fue el propio presidente Néstor Kirchner quien le pidió que renunciara a su banca para que continuara con su gestión. En el 2007, fue electo como intendente de Tigre, en donde alcanzó el 46% de los votos y le ganó al partido vecinalista que gobernó el partido durante 20 años.
La buena relación que mantenía con Kirchner, sumado al buen recuerdo que había dejado en Anses, fue lo que lo catapultó a ser Jefe de Gabinete del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cargo que ocupó por la renuncia de Alberto Fernández.

Se mantuvo como Jefe de Gabinete hasta el 2009, cuando luego de desistir a competir por un cargo para el Congreso, decidió volver a la intendencia de Tigre. En este momento, comenzó a forjarse el quiebre con el kirchnerismo
La salida y su rol anti-K
La primera muestra de ruptura con el kirhnerismo se dio cuando en el año 2009, su esposa, Malena Galmarini, se postuló como candidata a concejal en Tigre, en una lista local, por fuera a la que llevaba a Néstor Kirchner como legislador nacional. En aquellos comicios en la ciudad bonaerense, Massa le sacó casi 15% de diferencia al expresidente.
La ruptura total se dio luego de una serie de filtraciones del escándalo de Wikileaks. En esos cables, habían desgrabados de reuniones de Massa en la embajada de Estados Unidos, en donde describía a Néstor como “perverso” y aseguraba que Cristina Fernández era “sólo un títere”.
En el año 2010 formó la liga de los 8, con los intendentes de La Plata, San Miguel, Escobar, Malvinas Argentinas, Olavarría, General Villegas y Hurlingham. Esta sería la base política que respaldaría la creación de su propio espacio, el Frente Renovador.

Con el Frente Renovador se presentó a las elecciones del 2013 como diputado nacional por Buenos Aires, elección que ganó con cerca del 44% de los votos, superando al kirchnerismo y posicionándose como una de las figuras más importantes a nivel nacional.
Con este envión, se postuló como candidato a presidente en el año 2015, por el frente Unidos por una Nueva Alternativa (UNA), espacio que estaba conformado por el peronismo federal y dirigentes como Francisco De Narváez, Juan Manuel de la Sota y Graciela Camaño. En esta campaña fue cuando emitió la histórica frase: Voy a meter preso a los ñoquis de La Cámpora”.
En aquellos comicios, Massa salió tercero, pero se posicionó como la representación del peronismo no kirchnerista en el país.
Es por este motivo, que el presidente Mauricio Macri intentó posicionarlo como el dirigente que podía arrebatarle el peronismo al kirchnerismo. Macri, en busca de mostrar una gestión abierta a la oposición, lo llevó a al Foro de Davos en donde Cambiemos se presentaba como la fuerza que pretendía llevar adelante la modernización de la Argentina y donde Massa fue presentado por el propio Macri como el referente del “peronismo racional”.

En el 2017 intentó encabezar una alianza con gobernadores -Juan Manuel Urtubey, Juan Manzur, Juan Schiaretti, entre otros- con el objetivo de darle músculo a una nueva candidatura presidencial en el 2019.
Pero en mayo del 2018, el anuncio de Cristina Fernández de Kirchner de que iría como candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández volvió a patear el tablero político, y obligó al tigrense a recalcular su estrategia.
Tras varias semanas de negociación consiguió fusionar al Frente Renovador con el Frente De Todos, asegurando, por sobre todas las cosas, la integridad estructural de su espacio político, y ser una de las tres patas de la coalición.
Superministro y candidato
El experimento del Frente de Todos fue un profundo fracaso. No sólo porque no consiguieron cumplir sus promesas de campaña, sino también porque tras el estallido de la pandemia, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y los grotescos errores a la hora de gobernar, llevaron al país al borde de la ruina.
En julio del 2022, tres meses después de acordar con el FMI, el por aquel entonces ministro de Economía, Martín Guzmán, renunciaba a su cargo, dejando tras una corrida cambiaria brutal y un sentimiento en las calles de un gobierno que no finalizaría su mandato.

El hombre que fue designado como bombero para apagar el incendio fue Massa, quien tenía el respaldo tanto de Cristina como de Alberto, en una coalición de gobierno que se encontraba totalmente rota.
Luego de un comienzo prometedor, con una pequeña recuperación de reservas y caída de la inflación, los últimos meses de gestión del ministro no fueron los mejores. Los precios volvieron a dispararse, las reservas cayeron en picada y el peso se depreció en niveles récord.
A pesar de esto, Massa fue elegido como candidato a presidente por el oficialismo. Si bien parecía una derrota segura, por impericia de la oposición y por habilidad propia, el ministro-candidato se las ingenió para llevar al Gobierno a la posibilidad concreta de reelegirse en el poder.
Con un mensaje de unidad nacional, e intentándose despegarse del kirchnerismo, Massa buscará hacer la épica y conseguir alcanzar su gran sueño de ser presidente a partir del 10 de diciembre.
