El presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, advirtieron este miércoles que “la diferencia con el FMI es un programa de ajuste versus uno de crecimiento”, en el marco del encuentro con gobernadores en Casa de Gobierno.

“Para nosotros no es posible lograr la idea de una deuda sustentable que se funde en razones de ajuste. Para nosotros ajustar la economía es achicarla, dejar de crecer y hacer más difícil las obligaciones que tenemos con los acreedores externos. Por lo tanto, la palabra ajuste está desterrada de la discusión, y para nosotros el secreto es crecer”, dijo el jefe del Estado.

Guzmán, por su parte, señaló que “la diferencia entre lo que plantea el Fondo y el Gobierno argentino consiste en diferenciar un programa que con alta probabilidad sostendría la recuperación económica que la Argentina está viviendo; es esencialmente un programa de ajuste de gasto real versus un programa que le dé continuidad a esta recuperación fuerte a la economía“.

Por su parte el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, deslizó que, ante la posición de algunos países contra la postura de la Argentina, que según dijo “son siempre los mismos, empezando por Estados Unidos”, sostuvo que “si estos países tienen la posibilidad de trabar el acuerdo cabe revisar la estrategia”. Además calificó como “excepcional, fallido y fracasado, una bomba atómica” el Stand-By que el organismo multilateral de crédito le otorgó al gobierno de Cambiemos.

Esos tres discursos encendieron las alarmas en Washington y alejaron la posibilidad de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar los 44.000 millones de dólares que contrajo el gobierno de Mauricio Macri.

Estados Unidos considera que el plan presentado por Guzmán necesita una baja más fuerte del déficit fiscal, lo que implica un ajuste económico que Fernández no está dispuesto a ejecutar.

En estas circunstancias, a Fernández le costará muchísimo cerrar en apenas 75 días un acuerdo con aval de Casa Blanca. Y sin el respaldo de Joseph Biden, Argentina camina directo hacia un nuevo default soberano el 22 de marzo. Ese día el país debe pagar cerca de 3.000 millones de dólares que no existen en las reservas del Banco Central.