– “Va a haber elecciones en la parroquia de un compadre mío. Parece que la cosa viene muy brava, me pidió que le mande gente para ayudar en los comicios. Van a ir ustedes dos”.

– “¿Y qué tenemos que hacer, doctor?”

– “No se preocupen. Él les va a indicar todo. Tal vez haya que cambiar alguna urna o asustar a alguien, nada más. Trabajo de rutina”.

“¡Pero eso es fraude!”.

– “¡No diga esa palabra maldita en este templo de la democracia!”.

Con este diálogo entre los personajes caracterizados por Alberto Olmedo y Jorge Porcel con Javier Portales, arranca una escena de “Las mujeres son cosa de guapos”, una clásica película argentina del género conocido como “picaresca”, escrita y dirigida por Hugo Sofovich en 1981.

Justamente ese tramo del filme se viralizó este domingo en la Argentina, en medio del balotaje entre Sergio Massa y Javier Milei para elegir al futuro presidente.

La discusión sobre las trampas y delitos a la hora de votar resurgió en los días anteriores a la segunda vuelta electoral, a partir de una denuncia de La Libertad Avanza que las autoridades electorales nacionales rápidamente rechazaron. De todas maneras, la polémica quedó instalada.

El fraude electoral como hecho central de la política argentina se instaló en la década de 1930. Ese es el contexto histórico en el que se desarrolla la película de protagonizada por Olmedo (Rufino) y Porcel (Jacinto), quienes están caracterizados como peones rurales que trabajan para un caudillo corrupto interpretado por Portales (Ignacio Malatesta). En la escena de un día de votación se describe la forma común de votar de aquellos días.

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