José Mujica, de 89 años, lucha contra el cáncer (Dado Galdieri/NYT)

José Mujica, el expresidente de Uruguay que se convirtió en una figura mundialmente destacada por su estilo de vida austero y sus profundas reflexiones sobre la vida, enfrenta su última batalla: la lucha contra el cáncer. A sus 89 años, se somete a radioterapia para tratar un tumor en el esófago, un tratamiento que él mismo describe como “arduo” y que lo ha dejado visiblemente debilitado.

Conocido como “Pepe”, Mujica durante su presidencia (2010-2015), se ganó la admiración global no solo por sus políticas progresistas, sino también por su modo de vida simple, viviendo en su modesta granja a las afueras de Montevideo en lugar de en la residencia presidencial.

En una reciente entrevista a The New York Time, Mujica confesó que, aunque el tratamiento que recibió parece haber tenido éxito, según los médicos, el proceso lo ha dejado “deshecho”. Su voz, aún firme y cargada de la sabiduría que siempre lo ha caracterizado, no oculta la realidad de su situación: “Estoy en el tiempo de irme”, dijo con la sinceridad que siempre lo acompañó.

Pero incluso frente a la posibilidad de la muerte, Mujica no pierde su lucidez ni su capacidad para reflexionar sobre la condición humana. En la entrevista, compartió su preocupación por la dirección en la que se dirige la humanidad, condenada, según él, por el consumismo desenfrenado y la falta de un propósito más elevado. “La humanidad necesita trabajar menos, tener más tiempo libre y ser más sobria. ¿Para qué tanta basura?”, se preguntó, sugiriendo que la vida debería centrarse en la búsqueda de la felicidad, no en la acumulación de riquezas materiales.

A lo largo de la conversación, Mujica reiteró su crítica al sistema económico actual, que según él ha convertido a los seres humanos en “voraces compradores” que viven para pagar y no para disfrutar de la vida. A pesar de su pesimismo sobre el futuro de la humanidad, Mujica mantiene un profundo amor por la vida y una creencia en la capacidad del ser humano para encontrar un propósito significativo.

Mujica también habló de su rechazo a la tecnología moderna, especialmente a los teléfonos móviles, a los que calificó como una distracción que aleja a las personas de sí mismas. Hace cuatro años, decidió deshacerse de su teléfono móvil, harto de “todo el día hablando tonterías”. Para él, la verdadera comunicación es cara a cara, con gestos, miradas y el contacto humano, algo que considera insustituible.

La salud de Mujica es frágil, pero su espíritu sigue siendo fuerte. En la pequeña granja donde ha vivido durante décadas, rodeado de libros y tarros de verduras encurtidas, el exguerrillero y expresidente sigue cultivando crisantemos y, más importante aún, sigue cultivando ideas. A pesar de su situación, Mujica sigue siendo el mismo hombre que una vez rechazó los lujos del poder para vivir una vida en armonía con sus principios.