Tegucigalpa (dpa-efe). El avión que transporta al derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, tuvo que sobrevolar anoche los cielos de Tegucigalpa sin que pudiera lograr aterrizar en el aeropuerto de Toncontín, donde ayer se presentaron disturbios que generaron un muerto.
Además, el nuevo Gobierno de Honduras anunció anoche que el toque de queda entró en vigor a partir de ayer, después de que incidentes entre seguidores del depuesto presidente, Manuel Zelaya, y militares dejaran un muerto y una decena de heridos.
Zelaya afirmó en diálogo telefónico con la cadena Telesur que el coordinador de la Aeronáutica en Toncontín dijo al piloto de la nave que iban a ser interceptados por la Fuerza Aérea hondureña si no abandonaban el espacio aéreo del país.
“Nosotros, frente a esta situación, tenemos que proceder con lo que teníamos planeado, que es la reunión inmediata con los demás miembros de la OEA (Organización de Estados Americanos), los otros presidentes que están aquí en la zona, para ver qué soluciones se toman”, manifestó Zelaya.
El destituido mandatario dijo que su aterrizaje fue obstaculizado pero que están intentando aproximarse a la pista y que, de no llegar a lograr regresar a Honduras ayer, lo intentará hoy.
El avión de Zelaya, aguardaba anoche poder aterrizar en Managua después de que no pudo hacerlo en el aeropuerto de Tegucigalpa.
Por otro lado, simpatizantes que esperan el regreso del depuesto presidente de Honduras y miembros del Ejército se enfrentaron ayer por la tarde en un extremo de la pista del aeropuerto de Tegucigalpa, choques que, según le confirmó la Cruz Roja hondureña, han dejado, al menos, un muerto.
Testigos presenciales indicaron que se han producido disparos que produjeron bajas y heridos, aunque sin precisar la procedencia de esos disparos, durante las manifestaciones de los seguidores de Zelaya, quien, en esos momentos, estaba próximo a arribar procedente de Washington.
La Cruz Roja también informó que varias personas han tenido que ser atendidas por los efectos de los gases lacrimógenos lanzados por los militares para dispersar a los manifestantes.
Los incidentes se produjeron en el extremo sur de la pista del aeropuerto internacional Toncontín, cuando un grupo reducido de seguidores de Zelaya intentó entrar a la pista y fue repelido por militares con bombas lacrimógenas y disparos, según varios testigos.
Tras los hechos, los militares se replegaron y un contingente policial tomó el control de la cabecera sur de la pista, dijo un oficial de la Policía.
Horas antes, la movilización de miles de personas favorables a Zelaya había hecho retroceder el dispositivo de seguridad establecido por militares y policías ante la terminal aérea de Tegucigalpa, para contener la marcha.
Sin embargo, los manifestantes no pudieron entrar en las instalaciones del Toncontín, que anoche seguía bajo control de la Policía y los militares.
La multitud cubría el amplio tramo de un bulevar frente al aeropuerto internacional, donde esperaba recibir al depuesto presidente, quien tenía previsto llegar ayer desde Washington, una semana después de haber sido derrocado por los militares.
Tras pasar los retenes, los seguidores de Zelaya cantaron el himno nacional con el puño izquierdo levantado y, al transcurrir la marcha, policías y militares prácticamente pasaron “de guardianes a espectadores” desde una orilla del bulevar y lugares elevados del sector.
Los manifestantes portaban banderas de Honduras, del gobernante Partido Liberal y del minoritario partido Unificación Democrática (UD, izquierda), entre otras, así como fotografías de Zelaya y pancartas con consignas a su favor.
Además, coreaban las antiguas consignas que Zelaya, conocido popularmente como Mel, utilizó en su campaña para las elecciones que ganó en el 2005: “¡Urge Mel!”, “¡Viene Mel!” y “Si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”.
Los manifestantes también lanzaron fuertes críticas al cardenal Oscar Rodríguez, quien, el sábado, respaldó, en nombre de la Iglesia católica hondureña, el derrocamiento de Zelaya y le pidió a este que no regresara al país, para evitar “un baño de sangre”.
Los dirigentes de la marcha, que se había producido en un principio con bastante orden, habían insistido a sus seguidores en que evitasen la violencia, y estos últimos habían llegado al extremo de aplaudir a los efectivos policiales y militares por haberles permitido el paso.
Sobre Zelaya pesa una orden de captura, acusado de delitos relacionados con una consulta que pretendía celebrar el domingo para instalar una Asamblea Constituyente, que había sido declarada ilegal y quedó frustrada por su defenestración por los militares, quienes lo detuvieron en su casa y lo enviaron a Costa Rica.
Para los detractores de Zelaya, su iniciativa de reformar la Constitución tenía como fin perpetuarse en el poder.