Chile atraviesa un punto de inflexión demográfico. Por primera vez desde que existen registros oficiales, la tasa global de fecundidad cayó por debajo del nivel de reemplazo y se ubicó en 0,97 hijos por mujer, según datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La cifra no solo marca un mínimo histórico, sino que posiciona al país entre aquellos con menor número de nacimientos a nivel mundial.

El fenómeno, que se viene gestando desde hace más de una década, plantea desafíos estructurales para el sistema previsional, el mercado laboral, la planificación urbana y las políticas públicas de largo plazo.

Los nacimientos en el país trasandino comenzaron a disminuir de manera sostenida a partir de 2010, una tendencia explicada por múltiples factores sociales, económicos y culturales. Entre los más relevantes, el INE destaca la fuerte reducción del embarazo adolescente y la postergación de la maternidad entre las mujeres adultas.

En 2024, la tasa de fecundidad ya había descendido a 1,06 hijos por mujer, pero el dato de 2025 confirma una aceleración del proceso. Las proyecciones oficiales anticipan que la caída continuará: para 2028, el indicador se ubicaría en 0,89, profundizando aún más el desequilibrio demográfico.

Uno de los datos más relevantes del informe presentado junto a los resultados del Censo 2024 es la proyección de un crecimiento natural negativo. Según explicó Miguel Ojeda, jefe de demografía del INE, se espera que hacia 2028 “el número de defunciones supere al número de nacimientos”, un escenario inédito en la historia reciente del país.

Este cambio implica que, aun sin considerar la migración, la población comenzaría a reducirse de manera natural, una situación que hasta hace poco era característica de países desarrollados con poblaciones envejecidas, como Japón o algunos Estados europeos.

Paradójicamente, el último censo reveló que Chile cuenta hoy con 20,1 millones de habitantes, frente a los 17,5 millones registrados en 2017. Sin embargo, este crecimiento está fuertemente influido por la migración y no por el aumento de nacimientos.

En paralelo, la esperanza de vida continúa en ascenso. Mientras que en 1992 era de 74,6 años, para 2026 se proyecta que alcance los 81,8 años en promedio: 79,5 años para los hombres y 84,3 para las mujeres. Esta combinación de baja natalidad y alta longevidad está transformando de manera acelerada la estructura etaria del país.

“Esta combinación ha transformado la composición de la población chilena”, advirtió Ricardo Vicuña, director del INE, al presentar los datos oficiales.

La tasa de fecundidad chilena no solo es la más baja de su historia, sino que se encuentra por debajo de la de países desarrollados como Japón, según cifras de la División de Población de Naciones Unidas. En el contexto regional, el país también se ubica por debajo de Uruguay y Costa Rica, que ya mostraban indicadores bajos en comparación con el promedio latinoamericano.

Este posicionamiento refuerza la idea de que Chile enfrenta un proceso de transición demográfica más rápido y profundo que el de la mayoría de los países de la región.