De vez en cuando, aunque no sucede muy a menudo, los gobernantes se encuentran cara a cara con los reclamos ciudadanos. Las más, buscan cuidarse al máximo y extremar las salidas en público en momentos de crisis como esta. De todas formas, la poca suerte de los representantes, en alguna ocasión especial, hace que puedan saber qué se piensa de ellos, sus gestiones y los problemas en general que tiene este país, a boca de jarro, sin casetes ni apartados por la militancia, que sólo les endulza los oídos. Un sincero termómetro, que puede ser más o menos contradictorio, incluso, pero sin ese dibujo, que a menudo sale en las encuestas y que los muestran manteniéndose a flote de la mediocridad actual, porque son a pedido.
Así, un chico de 17 años puede cantarle las 40 a un gobernador, sin mayores filtros que la juventud. Y el mensaje debería servir como advertencia de lo que sucede debajo de sus narices, de lo que se está cocinando a nivel social, que, por supuesto, puede ser variado, ya que oscila entre el descontento, la bronca y la angustia, entre otras tantas sensaciones compartidas. Pero, ojo, no es un llamado de atención a un solo mandatario de un signo político específico; puede ser extensivo a todos los que tengan responsabilidad institucional, ya sea en el Ejecutivo o en el Legislativo. Por más que el tiempo en el cual se agudizan las chicanas se acerca, lo que en general los argentinos estamos esperando es que, en algún momento, vuelvan a concentrarse en los temas urgentes y en las cuestiones primordiales, puesto que hay más de un problema estructural por resolver.
