El proyecto que molesta al sector vitivinícola.
Esperan un aumento del vino por la mala cosecha.

Un dato del Consejo Empresario permite entender cómo ha cambiado el comercio mundial. El mundo es, a la vez, un mercado de transacciones donde cada país y cada provincia busca ofrecer lo mejor que tiene y, para ello, tiene que seducir para encontrar nuevos destinos.

Mendoza lo ha intentado en diferentes expediciones de funcionarios, ya sea para llegar a los tigres asiáticos a través del Pacífico, ya sea a plazas cercanas como Brasil o lejanas como Rusia. Este escenario no es un globo estático; por el contrario, ha tenido transformaciones de todo tipo y se moviliza hoy en día al pulso de la guerra fría entre EEUU y China, pero también de contiendas bélicas calientes, como la que sucede en Ucrania, que altera el flujo de los productos y, por ende, los precios.

Pero, la cuestión es que ese informe empresarial aclara que la provincia ya no puede vivir solamente de las exportaciones de vino. Y, aún más, que los envíos al exterior en esta industria se concentran cada vez más en determinados productos. Es decir, los mercados están haciendo su juego y deciden qué quieren de Mendoza.

Más de una vez se ha hablado de las bondades de esta tierra. Que es una isla republicana, que es la California argentina, que produce los mejores malbec. Pero, en medio de las grandes transformaciones sociales y económicas que se están dando a escala internacional, la provincia tiene que empezar a reconvertirse.

En pocos años, no alcanzará con el turismo tampoco, puesto que el cambio climático golpea con rigor en nuestra montaña. En algún momento, la dirigencia política y empresarial tendrá que acordar un rumbo. Y definir cuál es la Mendoza en la que quisiéramos vivir los próximos veinte o treinta años, o manejarse con un lapso muy flexible y holgado que le permita adaptarse a este ritmo mundial.