Imagen iliustrativa.
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Cada vez que se debate en el Congreso un presupuesto para un año, y aún más cuando ese período definirá destinos electorales y la suerte de un país, aparecen discusiones que reflejan cómo cada tanto se van colocando parches tras parches, tributos y hasta privilegios para algunos sectores. Es el momento en que, por ejemplo, se aprueba un artículo que será sólo circunstancial para, luego, con el paso del tiempo, instalarse como definitivo.

Sucedió con la Ley del Cheque, por ejemplo. En esta edición se agregó al análisis la incorporación de un nuevo impuesto que encarecerá aún más los pasajes de avión. Se trata de una tasa que, según el argumento a su favor, será para financiar a la Policía Aeroportuaria. La discusión de fondo, que nunca se da, es por qué se imponen más y más gravámenes a la vida de los argentinos que, en este caso en particular, harán más cara la posibilidad de realizar vuelos nacionales, los que, ya de por sí, están por las nubes.

No hay un momento en que la dirigencia política pare la pelota y mire la necesidad de mantener un esquema impositivo que, en lugar de asfixiar, permita crecer e invertir sin descuidar los servicios importantes que se mantienen cada vez que pagamos un impuesto. Por el contrario, lo que nunca entra en discusión son los privilegios de la política. Ahí no hay nada que modificar.