Una copa a la medida de nuestra historia. Incluso hasta cuando se hace todo bien, con prolijidad, con estrategia, con méritos y merecimientos, la fortuna, por un lado, y alguna que otra mínima distracción pueden costar carísimo.
No fue en los 90 primeros minutos. Tampoco se logró en los 30 restantes.
Pero, cuando el trabajo es constante, el sacrificio tiene sus recompensas.
Tal vez es el momento de tomar el fútbol como una metáfora.
Dejar de apostar a los cortoplacismos y saber que, si se respetan planes, los resultados van a aparecer.
A veces, el sufrimiento es parte del camino. La clave es la perseverancia.
Saber que si hay una hoja de ruta hay que respetarla y levantarse a pesar de las contingencias. Y en la línea de llegada, la satisfacción es infinita.
