Los precios en Argentina son el principal problema que tiene que resolver el Gobierno. Hasta el momento, las fórmulas a las que ha apelado están montadas en una épica sin resultados a la vista. Ahora, el Ministerio de Economía de la Nación analiza si es potable avanzar con un congelamiento de precios por cuatro meses, los más “calientes”. No es una medida nueva, por el contrario, ya se aplicó durante la gestión cristinista para las tarifas de los servicios públicos. El problema con meter los valores en el freezer es que, si llega a implementarse, advertidas de que no podrán actualizar sus cifras, en general, las empresas tienden a aplicar las subas antes de que les impongan por ley ese techo. Así, saltean la normativa y quedan, al menos, cubiertas en principio. El problema es que, a su vez, se atrasa todo cuando los componentes inflacionarios, sobre todo aquellos atados al dólar, siguen metiendo presión.

En síntesis: por un lado, se trata de un parche temporal y, por otro, es falaz. No hay gestión que le haya encontrado la vuelta al asunto, que ya lleva varios años y se profundiza más. En tiempos de festivales de consumo online, hecha la promoción hecha la trampa: los números no sólo suben dos semanas antes para ofrecer una engañapichanga, sino que, a la larga, en 30 cuotas, el precio será altísimo; tal como los planes, que, en el mediano plazo, se arriesgan para bajar la inflación.