Son los hechos que preocupan, los que generan intranquilidad en las autoridades policiales, el fusible para cualquier jefe. Se trata de los homicidios durante un asalto. En lo que va de este año, se han perpetrado seis asesinatos en contexto de un robo. Y la cifra podría subir a siete, luego del crimen de un hombre, la semana pasada en el oeste de Godoy Cruz, donde es una de las hipótesis.
La situación es alarmante porque durante el 2020 se cometieron ocho ataques fatales en actos de inseguridad.

Si bien la pandemia “frenó” la actividad delictiva en la provincia, y en el Ministerio de Seguridad respiraron un poco, en más de dos meses del 2021, la estadística genera que se puede romper fácilmente cuando lleguemos a diciembre. Al paso que vamos, no es cuestión de mirar para otro lado y se necesitan respuestas inmediatas.

Los policías que patrullan diariamente son contundentes a la hora de ser consultados: sostienen que el delito está en alza y que, muchas veces, se torna incontrolable en las barriadas de difícil acceso. A eso hay que sumarle la venta de drogas.

Mendoza es una provincia de dos millones de habitantes y la inseguridad siempre ha sido preocupante. Justamente, el COVID 19 motivó nuevas formas delictivas. Han crecido los ataques de motochorros en las calles y los atracos por ventas a través de redes sociales.

No se necesita una cifra oficial para leer el termómetro de lo que se siente en la calle: el temor a perder años de esfuerzo o, en el peor de los casos, la vida. Hace mucho tiempo que no se habla sobre planes o programas de acción concreta contra la inseguridad y eso lleva a pensar que el futuro puede ser más complicado.